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Fuego Prohibido

Fuego Prohibido

Capítulo 1: El Calor de lo Prohibido

La tarde caía sobre el barrio tranquilo de Buenos Aires, con el sol tiñendo de naranja las calles polvorientas. Bianca, de 19 años, estaba tirada en el sillón de la sala, con una remera holgada y unos shorts que dejaban al descubierto sus piernas pálidas y suaves. Sus ojos verdes brillaban mientras scrolleaba en el celular, pero su mente estaba en otra parte. Sus tetas grandes y redondas se marcaban apenas bajo la tela, y ella lo sabía, aunque no le importaba. Era retraída, sí, pero en la intimidad de su casa, con Thiago, se sentía libre.

Thiago, de 22, entró por la puerta con una sonrisa torcida, el pelo oscuro todo desaliñado y los ojos oscuros brillando con picardía. Traía una birra en la mano y una mochila colgada al hombro. '¿Qué hacés, enana? ¿Otra vez vagueando mientras yo laburo como un gil?' dijo, tirándose al lado de ella en el sillón, tan cerca que sus muslos se rozaron.

Bianca levantó una ceja, sin apartar la vista del celular. 'Laburar, decís. Si laburar es estar de joda con tus amigos, entonces yo soy la reina del esfuerzo, boludo.' Su tono era dulce, pero con un filo que solo Thiago entendía. Entre ellos siempre había un juego, una tensión que nadie más podía ver.

'Mirá cómo me hablás, eh. Si no fuera tu hermano, ya te ponía en tu lugar,' bromeó Thiago, dándole un leve empujón en el hombro. Pero sus palabras tenían un peso, un doble sentido que hizo que Bianca girara la cabeza para mirarlo directo a los ojos. La sonrisa de él se desvaneció un segundo, reemplazada por algo más oscuro, más hambriento.

'No sos mi hermano ahora, Thiago,' susurró ella, su voz baja, casi un desafío. Dejó el celular a un lado y se inclinó hacia él, tan cerca que podía sentir el calor de su aliento. 'Acá, en esta casa, somos otra cosa. Y lo sabés.'

Thiago tragó saliva, su mirada bajando un instante a los labios de Bianca, luego más abajo, al contorno de su cuerpo bajo la remera. 'Sos un peligro, piba. Un día nos van a cagar por esto,' murmuró, pero su mano ya estaba en la cintura de ella, apretándola con una mezcla de urgencia y miedo.

'Que nos caguen, entonces. No me importa,' respondió Bianca, su voz firme, sus ojos verdes ardiendo con una intensidad que no dejaba lugar a dudas. Ella no era de las que se dejaban dominar; si estaba en esto, era porque lo quería, porque lo necesitaba. Se acercó más, sus tetas rozando el pecho de él mientras sus labios se curvaron en una sonrisa desafiante. '¿O qué, te vas a rajar ahora que la cosa se pone interesante?'

Thiago soltó una risa seca, pero sus manos ya estaban subiendo por la espalda de Bianca, atrayéndola contra él. 'Rajar, yo. Vos no tenés idea de lo que me hacés, enana. Estoy duro desde que entré por esa puerta y te vi tirada así, como si no supieras lo que provocás.'

Bianca sintió un calor subirle por el cuerpo, un cosquilleo entre las piernas que la hizo morderse el labio. 'Entonces hacé algo al respecto, pelotudo. No me hagas esperar,' dijo, su tono mandón, pero cargado de deseo. Sus manos se deslizaron por el pecho de Thiago, bajando despacio, mientras sus miradas se trababan en un duelo de pura lujuria.

La distancia entre ellos se desvaneció en un segundo. Sus labios chocaron con una desesperación que llevaba meses, años, acumulándose. El beso era salvaje, hambriento, con lenguas que se buscaban como si no hubiera mañana. Thiago gruñó contra su boca, sus manos apretando el culo de Bianca con fuerza, mientras ella se sentaba a horcajadas sobre él, sintiendo lo duro que estaba bajo sus shorts. Estaba mojada, lo sabía, y no le importaba disimularlo. Quería que él lo supiera, que lo sintiera.

'Carajo, Bianca, sos un fuego,' jadeó Thiago, su voz ronca, mientras sus dedos se colaban bajo la remera de ella, rozando su piel sudorosa. Ella sonrió contra sus labios, su respiración acelerada, lista para tomar el control de lo que venía después.

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