Capítulo 1: Susurros en la Oscuridad
La habitación de Thiago estaba apenas iluminada por el resplandor azulado de su celular. Estaba tirado en la cama, con el pelo oscuro despeinado cayéndole sobre la frente, mientras el volumen bajo de un video subido de tono se filtraba por los auriculares. Bianca, su hermana menor, estaba sentada en el borde de la cama, con sus lentes deslizándose por la nariz y su ropa modesta cubriendo unas curvas que no pasaban desapercibidas. Su pelo castaño corto le rozaba el cuello, y aunque su actitud era tímida, sus ojos tenían un brillo curioso mientras miraba de reojo la pantalla.
—¿Qué estás viendo, Thiago? —preguntó Bianca, con un suspiro que parecía más cargado de lo normal.
Thiago levantó la vista, quitándose un auricular con una sonrisa socarrona. —Un video de esos… ya sabés. Pero es una pavada, nada realista.
Bianca inclinó la cabeza, sus mejillas apenas teñidas de rojo. —¿Ah, sí? —dijo, con otro suspiro que hizo que Thiago arqueara una ceja.
—Obvio, Bian. Estos videos no tienen nada que ver con la vida real. Los diálogos son un desastre, re forzados. Siempre están con el ‘hermana esto, hermano aquello’. ¿Quién habla así? En la vida real, los hermanos se llaman por el nombre, no andan con esas etiquetas ridículas.
Bianca soltó una risita suave, pero había algo en su tono que cargaba el aire de electricidad. Se movió un poco más cerca, y Thiago notó que bajo esa fachada de chica dulce y recatada, había un fuego que empezaba a arder. De repente, ella se inclinó hacia él, y con una naturalidad que lo dejó helado, deslizó una mano por su pierna. Pero no fue solo eso: cuando levantó la mirada, Thiago vio que Bianca estaba completamente desnuda, su piel blanca brillando bajo la luz tenue, sus tetas grandes y redondas moviéndose al ritmo de su respiración agitada.
Ella se acercó más, y con una lentitud deliberada, liberó la verga dura de Thiago de su boca, dejándolo jadeando. —¿Y nosotros qué, Thiago? —dijo, con una voz que era pura provocación mientras se lamía los labios—. A veces nos decimos ‘hermano’ y ‘hermana’ cuando estamos… bueno, ya sabés.
Thiago tragó saliva, su mirada fija en cómo Bianca se posicionaba sobre él, sus caderas listas para descender. —Es distinto, Bian —respondió, con la voz ronca de deseo—. Nosotros lo decimos porque nos calienta. Pero fuera de esto, no hablamos así. Es solo… parte del juego.
Bianca sonrió, una sonrisa que era todo menos inocente, mientras empezaba a moverse sobre él, su cuerpo encajando perfectamente. —¿Y por qué nos calienta tanto decirnos ‘hermano’ y ‘hermana’ cuando estamos así? —preguntó entre gemidos suaves, sus manos apoyadas en el pecho de Thiago para mantener el control.
Thiago gruñó, sus manos aferrándose a las caderas de ella mientras el calor entre ellos crecía. —Porque sabemos que está mal, Bian. Que somos hermanos y que esto… esto no deberíamos hacerlo. Pero justo por eso, nos prende fuego. Nos hace querer más.
Bianca soltó un gemido más fuerte, sus movimientos volviéndose más rápidos, más desesperados. —Puede ser… —susurró, su voz entrecortada por el placer, mientras el ambiente se cargaba de una tensión que estaba a punto de estallar.
El aire estaba pesado, sus cuerpos sudando, sus respiraciones jadeantes. La habitación parecía achicarse a su alrededor, y lo único que importaba era el calor de su piel, la humedad que los envolvía, y el deseo prohibido que los consumía por completo. Esto era solo el comienzo.
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