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Noche de Fuego y Secretos

Noche de Fuego y Secretos

**Capítulo 1: Calor en la Noche**

**Fecha: 14 de octubre de 2028**

**Ubicación: Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos**

**Hora: 7:30 PM**

Hannah Elvane se miraba al espejo de su apartamento en Manhattan, ajustándose un vestido negro ceñido al cuerpo que resaltaba cada curva con una elegancia discreta pero provocadora. El tejido se adhería a su figura como una segunda piel, con un escote sutil que dejaba entrever lo justo para intrigar. Su cabello negro, medio largo y ligeramente ondulado, caía libre sobre sus hombros, con un flequillo fino que enmarcaba sus ojos grises, casi irreales. Un toque de maquillaje ligero —un poco de delineador y un brillo suave en los labios— realzaba su belleza etérea, mientras las pecas en sus mejillas y nariz destacaban bajo la luz cálida del baño. Se giró hacia Caleb, que la observaba desde el marco de la puerta con una sonrisa perezosa.

—¿Qué? ¿Tan mal me veo que te quedas ahí parado sin decir nada? —preguntó Hannah, arqueando una ceja mientras se ponía unos pendientes pequeños de plata.

—Todo lo contrario, amor. Estoy calculando cuánto voy a tener que pelearme con los idiotas que te miren esta noche —respondió Caleb, cruzándose de brazos. Su tono era relajado, pero había un brillo posesivo en sus ojos oscuros.

Hannah soltó una risa corta y se acercó a él, apoyando una mano en su pecho. —Tranquilo, campeón. Solo tengo ojos para uno, y no es precisamente el más sociable de la fiesta. ¿Seguro que no quieres quedarte en casa viendo una peli? Sé que no te mueres por ir.

Caleb suspiró, pero su expresión se suavizó. —Si tú quieres ir, voy. Además, alguien tiene que cuidar que no termines bailando en una mesa.

Ella le dio un golpecito juguetón en el hombro. —Ja, ja. Muy gracioso. Vamos, que llegamos tarde.

**Hora: 9:45 PM**

**Ubicación: Casa de un amigo en Brooklyn**

La fiesta estaba en pleno apogeo cuando llegaron. La casa, un loft moderno con luces tenues y música a todo volumen, estaba llena de risas y conversaciones. Hannah se movía con naturalidad entre la gente, saludando con una sonrisa cálida que contrastaba con su aura intimidante. Caleb, fiel a su estilo, se mantenía un paso atrás, con una botella de agua en la mano mientras observaba cómo ella se integraba. No había tocado ni una gota de alcohol; después de todo, era el conductor designado.

A medida que avanzaba la noche, Hannah se fue soltando. Había tomado un par de cócteles, y el leve rubor en sus mejillas y la punta de su nariz resaltaba en su piel blanca como la nieve. Sus gestos se volvieron más cariñosos, sus risas más frecuentes. En un momento, mientras estaban en el patio trasero, rodeados por el aire fresco de octubre y el murmullo de la fiesta, ella se acercó a Caleb, rodeándole el cuello con los brazos.

—¿Sabes? Eres un santo por venir conmigo —murmuró, sus labios rozando los de él antes de besarlo con una intensidad que lo tomó por sorpresa.

Caleb respondió al beso, sus manos deslizándose por la cintura de ella. —¿Qué pasa, Hannah? ¿El alcohol te pone melosa o qué? —bromeó, aunque su voz tenía un matiz ronco.

Ella sonrió contra su boca, sus ojos grises brillando con picardía. —No es el alcohol. Es que estás aquí, conmigo, aunque sé que preferirías estar en el sofá con un control en la mano. Eso me pone... digamos que agradecida.

Antes de que él pudiera responder, Hannah lo tomó de la mano y lo guió con decisión hacia la salida trasera, esquivando a un par de amigos que apenas notaron su desaparición. El aire frío de la noche los golpeó al salir, pero el calor entre ellos era innegable.

**Hora: 10:20 PM**

**Ubicación: Estacionamiento frente a la casa**

El auto de Caleb, un SUV negro ostentoso con vidrios polarizados y un interior espacioso que gritaba lujo, estaba aparcado a unos metros. Hannah abrió la puerta trasera y prácticamente lo empujó dentro antes de cerrar con un golpe seco. El espacio era amplio, los asientos de cuero suave y cómodos, y el ambiente se cargó de inmediato con una tensión eléctrica.

—¿Tienes protección aquí? —preguntó ella, su voz baja pero firme mientras se sentaba a horcajadas sobre él, el vestido subiéndose por sus muslos.

Caleb, con una media sonrisa, señaló la guantera. —Siempre preparado, ¿no? Ahí está.

Ella se inclinó para buscar, dándole una vista privilegiada de su figura mientras rebuscaba. Regresó con el pequeño paquete en la mano, sus mejillas aún más rojas, pero no por el alcohol. —Bien, porque no pienso esperar más.

El beso que siguió fue hambriento, desesperado. Las manos de Hannah se deslizaron por el pecho de Caleb, desabotonando su camisa con una urgencia que no admitía paciencia. Él, por su parte, recorrió su espalda, bajando la cremallera del vestido hasta dejar al descubierto la piel pálida salpicada de pecas. El auto se mecía levemente con sus movimientos, las ventanas comenzando a empañarse mientras el calor de sus cuerpos llenaba el espacio.

—Dios, Hannah, eres un maldito huracán —murmuró él, su respiración entrecortada mientras ella se movía contra él, tomando el control con una confianza que lo volvía loco.

—Y tú te quejas demasiado —replicó ella, su voz cargada de deseo mientras sus dedos se hundían en su cabello. —Relájate, que yo me encargo.

La intensidad creció, sus cuerpos sincronizados en un baile que conocían de memoria después de más de un año juntos. La ropa era un estorbo que desapareció rápido, y pronto no hubo más que piel contra piel, jadeos y susurros en la penumbra del auto. Hannah, con su carácter dominante, guiaba el ritmo, disfrutando de cada reacción de Caleb, quien se dejaba llevar con una mezcla de rendición y deseo puro.

El calor los envolvía, sus cuerpos sudando mientras el aire se volvía denso. Ella se inclinó hacia él, sus labios rozando su oído. —¿Te gusta así, verdad? —susurró, su tono provocador mientras sentía cómo él se ponía más duro bajo ella.

—Joder, Hannah, sabes que sí —gruñó él, sus manos aferrándose a sus caderas mientras el placer los llevaba al límite.

El clímax estaba cerca, y el mundo fuera del auto dejó de existir. Solo estaban ellos, el calor de su piel, el roce de sus cuerpos, y la promesa de un final explosivo que los dejaría jadeando, con el corazón a mil.

**Continuará...**

Want to know how it ends?

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