**Capítulo 1: Secretos en el Colectivo**
El colectivo traqueteaba por las calles de Buenos Aires, con ese olor a nafta y cansancio que se pega a la ropa después de un día largo en la facu. Bianca, sentada junto a la ventana, ajustaba sus lentes sobre el puente de la nariz mientras el vidrio empañado reflejaba su rostro pálido y sus ojos inquietos. Su pelo corto, apenas rozando las orejas, le daba un aire de chica tímida, casi invisible, con su remera holgada y sus jeans gastados. Nadie imaginaría lo que escondía detrás de esa fachada modesta. Nadie, salvo ella misma, sabía del fuego que ardía en su interior.
Camila, su amiga de la facu, estaba sentada a su lado, con las piernas cruzadas y un chicle haciendo ruido en su boca mientras hablaba sin parar. 'Che, Bianca, no sabés lo que es vivir con Fede. Mi hermano es un pelotudo de primera, siempre peleando por cualquier pavada. ¿Y vos? ¿Cómo te llevás con Thiago?'
Bianca sintió un nudo en el estómago. Su piel se erizó bajo la remera, pero mantuvo la compostura, fingiendo una sonrisa tímida. 'Eh, bien, re bien. Thiago y yo no peleamos nunca. Hacemos cosas normales de hermanos, ¿viste? Tipo… ver pelis, jugar a juegos de mesa, esas cosas.' Su voz tembló apenas, pero Camila no pareció notarlo.
'¿Juegos de mesa? ¿En serio? Qué aburrido, boluda. Contame algo jugoso, ¿nada de locuras con tu hermano mayor? Thiago parece un tipo copado, siempre con ese pelo despeinado y esa onda de chico malo. ¿No te saca de quicio a veces?' Camila inclinó la cabeza, curiosa, con una sonrisa pícara.
Bianca se removió en el asiento, apretando las piernas instintivamente. Su mente se llenó de imágenes que no podía compartir: Thiago, alto y dominante, sus manos fuertes recorriendo su cuerpo, sus susurros prohibidos en la oscuridad de su casa vacía. 'No, nada de eso. Es… normal. Muy normal,' insistió, mirando por la ventana para evitar los ojos inquisidores de Camila.
'Sos re esquiva, eh. Bueno, ya me vas a contar cuando te sueltes un poco,' dijo Camila con una risa, dándole un codazo suave. 'Me bajo en esta, nos vemos mañana en la facu. ¡Portate mal, aunque sea un poquito!'
Bianca soltó un suspiro de alivio cuando Camila desapareció por la puerta del colectivo. Su secreto estaba a salvo, al menos por ahora. Se recostó contra el respaldo, dejando que su mente vagara, cuando su celular vibró en el bolsillo. Un mensaje de Thiago. Su corazón dio un salto mientras leía las palabras que encendieron cada rincón de su cuerpo: 'Cuando llegues, te voy a hacer cosas que no deberíamos, Bian. Prepárate para sentir mi…'
No terminó de leer. Su respiración se aceleró, sus mejillas se tiñeron de rojo mientras guardaba el celular con manos temblorosas. Miró a su alrededor, asegurándose de que nadie notara el calor que subía por su cuello. La promesa de Thiago resonaba en su cabeza, y aunque sabía que estaba mal, que era un tabú que nunca podrían confesar, no podía evitar desearlo. Su cuerpo ya estaba respondiendo, ansioso, mientras el colectivo se acercaba a su parada. Pronto estaría en casa. Pronto estaría con él.
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