← Story Library

Pasión Prohibida

Pasión Prohibida

Capítulo 1: El Fuego que no se Apaga

Bianca estaba recostada en el sillón del living, completamente desnuda, su piel pálida brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Sus tetas grandes y redondas subían y bajaban con cada respiración agitada, mientras su pelo corto se pegaba a su frente por el calor del momento. Con sus lentes apoyados en la mesita, sus ojos estaban cerrados, perdidos en el placer. Thiago, su hermano, estaba entre sus piernas, devorándola con una intensidad que la hacía temblar. Su lengua se movía con precisión, explorando cada rincón de su concha, mientras ella apretaba los cojines del sillón con fuerza.

—Che, Thiago, pará un poco, vas a hacer que grite y nos van a escuchar los vecinos —susurró Bianca, su voz entrecortada por jadeos, tratando de mantener el control.

Thiago levantó la cabeza, sus labios brillando con la humedad de ella, y le dedicó una sonrisa pícara. —¿Qué? ¿No te bancás un poco de riesgo, hermanita? Si querés que pare, decímelo, pero sé que no vas a poder —respondió con un tono burlón, mientras sus manos apretaban sus muslos con firmeza.

—No seas boludo, sabés que no puedo parar. Pero si nos descubren, estamos en el horno. Esto está mal, re mal —dijo Bianca, mirándolo con una mezcla de deseo y culpa, mientras se mordía el labio inferior.

Thiago se incorporó, colocándose frente a ella, su cuerpo tenso y listo. —Siempre decís lo mismo, Bianca, pero mirá cómo estás, toda mojada, rogando por más. Somos unos enfermos, pero no me importa. Esto es nuestro, y nadie nos lo va a quitar —respondió, mientras se posicionaba entre sus piernas, listo para entrar en ella.

Ella lo miró con intensidad, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y lujuria. —Sos un hijo de puta, Thiago. Pero dale, hacelo, no me hagas esperar más. Quiero sentirte adentro, ya —ordenó, su voz firme, sin un ápice de sumisión.

Thiago no se hizo rogar. Se deslizó dentro de ella en un movimiento lento pero decidido, llenándola por completo. Bianca dejó escapar un gemido bajo, sus uñas clavándose en los hombros de él. —Shh, callate, ¿querés que nos caguen? —susurró él, mientras empezaba a moverse en un ritmo constante, el sillón crujiendo bajo su peso.

—Callate vos, que me estás volviendo loca. Más rápido, no seas cagón —replicó ella, sus caderas moviéndose al compás, buscando más, siempre más. El calor entre ellos era insoportable, sus cuerpos sudando, el aire cargado de tensión y deseo. La concha de Bianca estaba empapada, y el sonido de sus cuerpos chocando era casi tan fuerte como sus respiraciones agitadas.

De repente, un ruido los sacó de su trance. El sonido inconfundible de un auto acercándose. Sus padres. Bianca abrió los ojos de golpe, el pánico mezclándose con la adrenalina. —¡La puta madre, Thiago, son ellos! ¡Vestite ya! —siseó, empujándolo con fuerza mientras se levantaba del sillón.

En un frenesí, ambos agarraron su ropa tirada por el piso, vistiéndose a las apuradas. Bianca se ajustó los lentes con manos temblorosas, tratando de calmar su respiración, mientras Thiago se pasaba una mano por el pelo, intentando parecer casual. Segundos después, estaban sentados en el sillón, fingiendo mirar la tele, como si no acabaran de estar garchando como posesos.

La puerta se abrió, y sus padres entraron. Bianca sintió que el corazón le latía a mil, pero su rostro no mostró nada. Thiago, a su lado, le lanzó una mirada cómplice, una promesa silenciosa de que esto no había terminado. Y ella sabía que, apenas tuvieran otra chance, volverían a caer en ese fuego prohibido que los consumía.

Want to know how it ends?

This is just the opening chapter. Continue the saga — or write a steamy tale starring you.