Capítulo 1: El Límite Prohibido
La habitación de Thiago estaba impregnada de un silencio denso, solo roto por el crujido ocasional de la cama y los jadeos entrecortados que escapaban de los labios de Bianca. La casa estaba vacía, los viejos se habían ido a hacer mandados, pero el peso de lo que estaban haciendo aplastaba el pecho de la piba de 19 años. Desnuda, con su piel pálida brillando bajo la luz tenue que se colaba por la persiana, Bianca montaba a su hermano con una mezcla de deseo y culpa que le quemaba las entrañas. Su pelo moreno corto se pegaba a su frente por el sudor, y sus ojos verdosos, escondidos detrás de los lentes que no se había quitado, estaban nublados por la preocupación.
Thiago, tirado boca arriba, con su pelo oscuro despeinado y ese aire de confianza que siempre lo caracterizaba, notó el cambio en la expresión de su hermana. Sus manos, que hasta ese momento agarraban con firmeza las caderas de Bianca, aflojaron un poco. '¿Estás bien, Bian? Te veo medio ida,' dijo, con la voz ronca pero cargada de una preocupación genuina, mientras sus ojos oscuros la estudiaban.
Bianca se detuvo un segundo, aunque no bajó de encima de él. Su respiración estaba agitada, y sus tetas enormes, redondas, se movían al compás de su pecho mientras intentaba ordenar sus pensamientos. 'Thiago, ¿y si nos descubren?' soltó de golpe, su voz temblorosa pero con un filo de urgencia. 'Esto es una locura, es peligroso. Si alguien se entera, si mamá o papá siquiera sospechan… se nos va todo a la mierda. La familia, nuestras vidas, todo.'
Thiago soltó una risita baja, casi burlona, mientras una de sus manos subía por la cintura de Bianca hasta rozar la curva de una de sus tetas. 'Relajá, hermanita. Nadie va a entrar por esa puerta. Estamos solos, y vos sabés que no puedo parar de mirarte cuando te movés así.' Sus palabras eran un susurro seductor, pero Bianca frunció el ceño, no del todo convencida.
'¿Y si no es hoy? ¿Y si algún día alguien nota algo? No sé cómo seguimos con esto, Thiago. Es una bomba de tiempo,' replicó ella, pero sus caderas, casi por instinto, volvieron a moverse. Lentamente al principio, como si quisiera resistirse, pero el calor de la verga dura de su hermano dentro de ella era demasiado. Empezó a montarlo de nuevo, con un ritmo constante, sus tetas rebotando con cada movimiento mientras Thiago gemía bajito, claramente disfrutando de la vista.
'Mirá, Bian, si esto es una bomba, que explote. No me importa,' dijo él, con una sonrisa torcida que mostraba lo poco que le preocupaba el riesgo. Sus manos volvieron a aferrarse a las caderas de ella, guiándola un poco más rápido. 'Sos vos la que me tiene loco, la que me hace olvidar todo. ¿No sentís lo mismo?'
Bianca apretó los labios, sus mejillas encendidas por el esfuerzo y la vergüenza. 'Claro que lo siento, pelotudo. Por eso estoy acá, ¿no? Pero no significa que no me cague de miedo,' retrucó, su voz cargada de una mezcla de bronca y deseo. Sus movimientos se volvieron más intensos, como si quisiera descargar toda esa tensión en cada embestida. Estaba sudando, su piel brillando, y podía sentir cómo su pussy se apretaba alrededor de la cock de Thiago, húmeda y desesperada por más.
Thiago levantó un poco la cabeza, sus ojos fijos en el cuerpo de su hermana mientras ella lo montaba con más fuerza. 'Entonces dejá de pensar tanto, Bian. Mirá lo que hacemos, mirá lo bien que se siente. Si esto está mal, que se joda el mundo,' dijo, su voz ahora más grave, casi un gruñido. Una de sus manos bajó, rozando el ass de Bianca, y ella soltó un jadeo que no pudo contener.
La piba de pelo corto lo miró a los ojos, sus lentes empañados por el calor del momento. 'Sos un enfermo, Thiago. Pero no puedo parar,' admitió, su voz entrecortada mientras seguía moviéndose, cada vez más rápido, sintiendo cómo el placer la inundaba y la culpa se desdibujaba. Estaba horny, perdida en el calor de su hermano, en lo hard que estaba dentro de ella, en lo wet que se sentía. Sus jadeos se mezclaban con los de él, ambos panting, al borde de algo explosivo.
Y mientras la cama seguía crujiendo bajo ellos, mientras el mundo afuera de esa habitación parecía desvanecerse, Bianca supo que no había vuelta atrás. No esta vez.
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