Capítulo 1: El Riesgo del Deseo
La casa estaba en silencio, un silencio pesado que parecía amplificar cada suspiro, cada roce. Bianca, de 19 años, yacía desnuda sobre el sillón del living, su piel blanca brillando bajo la luz tenue que se colaba por las persianas. Su pelo castaño corto estaba desordenado, los lentes apoyados en la mesa ratona, y sus tetas grandes y redondas subían y bajaban con cada respiración agitada. Estaba tímida, como siempre, pero había algo en su mirada, una mezcla de dulzura y deseo, que traicionaba todo lo que sentía. Sabía que esto estaba mal, jodidamente mal, pero no podía parar.
Thiago, su hermano de 22 años, estaba arrodillado entre sus piernas. Alto, delgado, con el pelo oscuro despeinado como si acabara de levantarse de la cama, tenía una intensidad en los ojos que la hacía temblar. Su boca estaba ocupada, devorándola con una hambre que la volvía loca. Bianca intentó contener un gemido, pero se le escapó, agudo y traicionero. Thiago levantó la cabeza de golpe, sus labios brillando, y le puso una mano en la boca, firme pero cuidadoso.
—Shh, boluda, ¿querés que nos escuchen los vecinos? —susurró, su voz grave y cargada de urgencia—. Si se enteran, se lo van a contar a los viejos. Y ahí sí que estamos en el horno.
Bianca asintió, los ojos abiertos de par en par, sudando más de lo que ya estaba. El calor de su cuerpo, el miedo y la culpa la estaban consumiendo. Pero también estaba esa otra cosa, ese fuego que Thiago le prendía cada vez que la tocaba. Intentó hablar, pero su voz salió entrecortada, entre jadeos que no podía controlar mientras él volvía a bajar la cabeza, su lengua jugando con ella sin piedad.
—Thiago… pará un segundo… —dijo, su voz temblando mientras intentaba agarrar aire—. ¿Y si… y si se enteran? Si los viejos se dan cuenta… nuestra vida se va a la mierda… no vamos a poder… ¡ahh, la concha de la lora!
Thiago levantó la mirada, una sonrisa pícara en los labios, sin detenerse del todo. —No se van a enterar, Bian. Relajate. Dejá que te haga sentir bien. ¿O no te gusta cómo te estoy comiendo la pussy?
Ella lo miró, entre el deseo y la bronca por cómo la hacía perder el control. —Sos un hijo de puta, sabés que me vuelve loca… pero estoy cagada de miedo, boludo. Esto… esto no está bien.
—Nada que se sienta tan bien puede estar mal —respondió él, su voz ronca, mientras sus manos le apretaban los muslos, abriéndola más para él. Bianca sintió cómo su cuerpo traicionaba su cabeza, cómo se ponía más wet, dripping de deseo, a pesar de todo. Estaba horny, perdida en el placer prohibido, y Thiago lo sabía. Su cock estaba hard, presionando contra sus propios jeans, y ella podía verlo, podía sentirlo en el aire.
Estaban a punto de perderse por completo, de dejar que el deseo los consumiera. Thiago se incorporó un poco, dispuesto a sacarse la ropa, a tomarla ahí mismo en el sillón, con Bianca panting y sudando debajo de él. Ella lo miró, los ojos brillando de lujuria, lista para dejar que todo explotara, para sentirlo dentro, para que la hiciera cum como nunca. Pero entonces, un sonido los congeló a los dos.
El motor de un auto. El chirrido de las ruedas en la entrada. Los viejos. Habían vuelto antes.
—¡La puta madre! —siseó Thiago, saltando del sillón como si le hubieran prendido fuego al culo. Bianca se sentó de un tirón, el corazón latiéndole a mil, buscando su ropa con manos temblorosas. El pánico los envolvió, pero también una chispa de adrenalina. Tenían segundos para vestirse, para fingir que no habían estado garchando como animales hacía apenas un instante. ¿Lo lograrían?
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