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Ruta Prohibida

Ruta Prohibida

Capítulo 1: El Escape Ardiente

El motor del auto rugía suavemente mientras Thiago apretaba el volante con una mano y con la otra tamborileaba nervioso sobre el cambio. La ruta se extendía oscura y desierta frente a ellos, apenas iluminada por los faros. Bianca, sentada a su lado, ajustaba sus lentes con un gesto inquieto, su campera abrochada hasta el cuello como si quisiera esconderse del mundo entero. El silencio dentro del auto era pesado, cargado de una tensión que ambos conocían demasiado bien.

'Che, Bianca, relajate un poco, ¿querés? Si seguís así de tensa, cualquiera que nos mire va a pensar que estamos huyendo de un crimen,' dijo Thiago, con esa sonrisa sarcástica que siempre lograba sacarle una mueca a su hermana.

Bianca giró la cabeza hacia él, sus ojos brillando detrás de los cristales. '¿Y no es un poco así? Si alguien nos pesca, Thiago, si alguien se entera… ¿te imaginás la cara de mamá y papá? Nos matan. Nos borran del árbol genealógico.'

Thiago soltó una carcajada seca, pero sus nudillos seguían blancos sobre el volante. 'Nadie se va a enterar, boluda. Por eso estamos yendo a este motel de mierda en el medio de la nada. Además, ¿quién va a sospechar? Vos con tu carita de no romper un plato y yo… bueno, yo soy un desastre, pero no tan obvio.'

Bianca bufó, cruzándose de brazos, aunque una sonrisa tímida se le escapó. 'Sos un idiota. Pero igual… no sé, tengo un mal presentimiento. Esto es demasiado arriesgado, incluso para nosotros.'

Thiago la miró de reojo, y su voz bajó un tono, volviéndose más grave, más íntima. 'Mirá, si no querés, damos la vuelta ahora mismo. Pero los dos sabemos que no vas a querer. No después de lo que pasó la última vez en casa, cuando casi nos pesca papá. Acá estamos solos, Bianca. Nadie nos conoce. Podemos… soltarnos.'

Las mejillas de Bianca se tiñeron de rojo, y desvió la mirada hacia la ventanilla, pero no pudo evitar que su respiración se acelerara un poco. Recordaba esa noche, los susurros urgentes, el peligro constante de ser descubiertos. Y, mierda, cómo la había encendido eso. 'Sos un enfermo, Thiago,' murmuró, pero había un filo de deseo en su voz que no pasó desapercibido.

'¿Yo? Vos sos la que se pone como loca cada vez que nos escondemos. No me vengas con pavadas,' replicó él, riendo bajito mientras giraba el volante para tomar un desvío. El cartel del motel apareció al costado de la ruta, un neón parpadeante que prometía discreción y olvido. 'Llegamos, hermanita. Última chance de arrepentirte.'

Bianca no respondió, pero cuando Thiago estacionó y ambos bajaron del auto, ella se ajustó la campera hasta taparse la nariz y él se calzó una gorra y lentes oscuros, aunque era plena noche. Parecían dos ladrones torpes, y eso casi los hizo reír, si no fuera por los nervios que les carcomían el estómago. Entraron al motel con pasos rápidos, Thiago pidió la habitación con voz baja y Bianca mantuvo la cabeza gacha. La recepcionista, una mujer de mirada cansada, apenas les prestó atención mientras les entregaba la llave.

Una vez dentro de la habitación, cerraron la puerta con llave y un silencio denso los envolvió. La cama, con sábanas baratas y un olor a desinfectante, parecía gritarles. Bianca se quitó la campera lentamente, revelando una remera ajustada que marcaba sus curvas ocultas, esas tetas redondas que nadie imaginaría bajo su ropa modesta. Thiago se sacó la gorra y los lentes, dejando que su pelo desaliñado cayera sobre su frente. Sus ojos se encontraron, y la chispa de lo prohibido ardió entre ellos.

'Esto es una locura,' susurró Bianca, su voz temblando, pero sus ojos estaban fijos en él, hambrientos. 'Si alguien nos escucha, si alguien se entera de que somos…'

'No se van a enterar,' la cortó Thiago, acercándose con pasos lentos, depredadores. 'Y aunque se enteren, ¿qué? Esta noche es nuestra. Nadie nos para.'

Bianca tragó saliva, pero no retrocedió. En cambio, levantó la barbilla, desafiándolo. 'Sos un hijo de puta, sabés cómo hacerme caer siempre.'

Thiago sonrió, una sonrisa peligrosa, y se inclinó hacia ella, su aliento caliente contra su oído. 'Porque sé lo que querés, Bianca. Y vos sabés que no podés resistirte.'

Antes de que ella pudiera responder, él la empujó contra la pared, sus manos deslizándose bajo su remera, buscando piel. Bianca jadeó, pero no lo apartó. En cambio, sus dedos se clavaron en los hombros de Thiago, atrayéndolo más cerca. Sus bocas se encontraron en un beso desesperado, hambriento, mientras la ropa comenzaba a desaparecer entre ellos, dejando al descubierto el deseo crudo y prohibido que los consumía. Esta noche, en este motel perdido en la ruta, no había reglas, no había límites. Solo ellos, y la promesa de una pasión que los iba a quemar vivos.

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