Capítulo 1: El calor de la ducha
El vapor llenaba el baño, empañando los azulejos y el espejo. Bianca, con su pelo corto castaño pegado a la nuca, dejaba que el agua tibia recorriera su piel blanca, resbalando por sus curvas generosas. Sus lentes estaban olvidados en el lavabo, y su ropa modesta, perfectamente doblada, descansaba sobre una silla. Aunque tímida por naturaleza, en ese momento, bajo el chorro caliente, se sentía libre, salvaje. Detrás de ella, Thiago, alto y delgado, con su pelo oscuro empapado, deslizaba sus manos enjabonadas por las tetas grandes y redondas de su hermana. Sus dedos se movían con una mezcla de ternura y deseo, apretando suavemente mientras ella soltaba un suspiro.
—¿No te cansas nunca, eh? —dijo Bianca, girando apenas la cabeza para mirarlo con una sonrisa pícara, el agua cayendo por su rostro—. Siempre buscando una excusa pa’ tocarme.
Thiago soltó una risa baja, sus manos bajando por la cintura de ella, apretándola contra su cuerpo. —Sos vos la que me tienta, Bianca. Mirá cómo estás, toda mojada y perfecta. ¿Cómo querés que me resista?
Ella se rió, dándole un codazo suave pero firme. —No me eches la culpa, degenerado. Vos sos el que siempre empieza con estas locuras.
—Y vos la que nunca dice que no —replicó él, inclinándose para morderle el lóbulo de la oreja, su voz un susurro caliente contra su piel—. ¿O me vas a decir que no te gusta cuando te agarro así?
Bianca giró el cuerpo para enfrentarlo, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y deseo. El agua seguía cayendo entre ellos, y ella apoyó las manos en el pecho de Thiago, empujándolo contra la pared de azulejos. —Callate y dejame hacer algo por vos, para variar —dijo con una sonrisa confiada, mientras se agachaba lentamente, el agua resbalando por su espalda.
Thiago la miró, su respiración volviéndose más pesada, su cuerpo tenso de anticipación. —Sos una maldita tentación, Bianca. No sé cómo carajo hacemos para parar con esto.
—No paramos porque no queremos —respondió ella, su voz cargada de una seguridad que contrastaba con su dulzura habitual. Sus manos se deslizaron por las caderas de él, y justo cuando estaba a punto de arrodillarse del todo, un ruido seco resonó desde el otro lado de la casa. La puerta principal se abrió con un chirrido inconfundible.
—¡¿Quién está ahí?! —gritó la voz de su mamá desde la entrada.
Bianca y Thiago se congelaron, el corazón latiéndoles a mil. El agua seguía cayendo, pero el calor del momento se transformó en pánico puro. Thiago reaccionó rápido, cerrando la ducha con un movimiento brusco. —¡Soy yo, ma! ¡Me estoy bañando! —gritó, tratando de sonar casual, aunque su voz temblaba un poco.
Bianca lo miró con los ojos bien abiertos, susurrando furiosa. —¡Boludo, qué hacemos ahora! ¡Estamos atrapados!
—Shh, tranqui. Vamos a salir de a uno. Vos primero, yo distraigo a mamá —dijo Thiago, agarrando una toalla y envolviéndosela en la cintura. Bianca asintió, aunque su cara era un poema de nervios. Se secó rápido con otra toalla, pero no había tiempo para nada más. Desnuda, con el pelo goteando, abrió la puerta del baño apenas una rendija, espiando el pasillo.
—No hay nadie —susurró, y salió sigilosa, sus pasos rápidos pero silenciosos mientras se dirigía a las escaleras. Thiago salió detrás, ajustándose la toalla, y bajó al living con una sonrisa forzada para interceptar a su mamá.
—¿Qué hacés, ma? ¿Llegaste temprano? —preguntó, apoyándose en el marco de la puerta con una calma que no sentía.
Mientras tanto, a espaldas de su mamá, Bianca subía las escaleras a toda velocidad, su cuerpo desnudo brillando bajo la luz tenue del pasillo, el corazón latiéndole en la garganta. Sabía que estaban jugando con fuego, que lo que hacían estaba mal, pero la adrenalina y el deseo la hacían sentir más viva que nunca. Y aunque habían sido interrumpidos, algo en su interior le decía que esto no iba a terminar ahí. No podían parar. No querían parar.
Want to know how it ends?
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