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Secretos en Casa

Secretos en Casa

Capítulo 1: Tentación Silenciosa

El living de la casa estaba en penumbra, solo iluminado por el resplandor azulado del celular de Thiago. Él estaba tirado en el sillón, desparramado como si el mundo no existiera más allá de la pantalla. Su pelo negro, un poco despeinado, caía sobre su frente mientras sus ojos seguían fijos en un video random. De pronto, el crujido de los escalones rompió el silencio. Bianca bajó con pasos tímidos, su pelo castaño corto rozando el cuello de su remera modesta, que apenas dejaba intuir las curvas generosas de su pecho. Sus lentes redondos reflejaban la poca luz, y sus mejillas se tiñeron de un leve rubor al pararse frente al sillón.

—¿Qué estás haciendo, Thiago? —preguntó, su voz suave pero con un dejo de curiosidad que no podía disimular.

—Mirando un video, ¿qué más? —respondió él, sin despegar la vista del celular, con un tono seco, casi cortante.

Bianca se mordió el labio inferior, cruzando los brazos bajo su pecho, lo que hizo que sus tetas se alzaran un poco más bajo la tela. —Papá y mamá no están… —dijo, dejando la frase colgando en el aire como una invitación.

Thiago alzó una ceja, pero no la miró. —Sí, ya sé. ¿Y?

—Estamos solos —insistió ella, su voz ahora más baja, casi un susurro cargado de intención.

Finalmente, Thiago despegó los ojos del celular y la miró de reojo. —Bianca, vos misma dijiste que no íbamos a hacer esto de nuevo. No empecemos con lo mismo, ¿eh?

Ella suspiró, frustrada, pero no se movió. Sus ojos marrones brillaban detrás de los lentes con una mezcla de timidez y deseo. —Ya sé lo que dije, pero no lo decía en serio. Sabés que no puedo evitarlo.

Thiago bufó, volviendo al video. —No, Bianca. Después te arrepentís y me venís con el drama. Paso.

Ella se quedó ahí, mirándolo fijamente, el silencio entre ellos cargado de tensión. Finalmente, con un tono más firme, dijo: —Vamos a hacer lo que vos quieras, Thiago. Lo que sea.

Eso lo hizo detenerse. Dejó el celular a un lado y levantó la mirada, estudiándola de arriba abajo. Sus ojos se detuvieron un segundo de más en la curva de sus caderas, en cómo la remera se ajustaba a su cuerpo. Suspiró, rindiéndose. —Bue, ok. Pero no digas que no te avisé.

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SMASH CUT TO: El baño de la casa se había convertido en un santuario prohibido. Bianca estaba desnuda, apoyada contra la pileta, sus manos aferradas al borde de cerámica fría mientras Thiago, detrás de ella, la sostenía con fuerza por los hombros. Su cock, duro como piedra, se deslizaba dentro de su pussy con un ritmo feroz, cada embestida haciendo que el cuerpo de Bianca temblara de placer. La piel blanca de ella contrastaba con el tono más oscuro de las manos de Thiago, que la agarraban con una mezcla de posesión y urgencia. Sus tetas, grandes y redondas, rebotaban con cada movimiento, un espectáculo hipnótico reflejado en el espejo frente a ellos. El vidrio devolvía la imagen obscena de su acto incestuoso: la cara de Bianca, normalmente tan dulce y tímida, ahora estaba transformada por un placer tan intenso que parecía indecente. Sus labios entreabiertos dejaban escapar gemidos ahogados, sus ojos entrecerrados detrás de los lentes que milagrosamente no se habían caído, y sus mejillas encendidas por el calor y la lujuria.

Thiago gruñó, su respiración pesada mientras seguía moviéndose dentro de ella, sintiendo cómo su pussy lo apretaba, húmeda y caliente, dripping con cada embestida. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en el pequeño espacio, mezclado con el panting de ambos. Bianca arqueó la espalda, empujando su ass contra él, buscando más, siempre más. Estaba sweating, el brillo del sudor recorriendo su columna mientras Thiago no soltaba el control, sus dedos hundidos en la carne de sus hombros.

—¿Te la vas a tragar? —preguntó él de pronto, su voz ronca, cargada de deseo, mientras desaceleraba un poco, provocándola.

Bianca, entre jadeos, negó con la cabeza. —N-no… sabés que no me gusta…

Thiago soltó una risa baja, casi burlona. —¿No dijiste que íbamos a hacer lo que yo quiera? No te hagas la difícil ahora.

Ella suspiró, el placer y la resignación luchando en su interior. Finalmente, con un murmullo entrecortado, cedió. —Está bien, dale…

Sin perder tiempo, Bianca se giró y se agachó frente a él, quitándole el preservativo de un tirón. Abrió la boca, sus ojos fijos en los de Thiago, esperando. Segundos después, él came con un gruñido, su cum caliente salpicando la cara de Bianca, llenándole los labios y goteando por su barbilla. Ella, con la lengua cargada de leche, cerró la boca y tragó, el sabor salado inundándola. Luego, sacó la lengua para mostrarle que no quedaba nada y, con una voz todavía jadeante, preguntó: —¿Así está bien?

Thiago asintió, una sonrisa satisfecha en su rostro. —Sí, muy bien. —Sin darle tiempo a reaccionar, le metió su cock de nuevo en la boca, dejando que Bianca chupara los restos de semen con avidez. Finalmente, se la sacó, mirándola desde arriba con una mezcla de deseo y desafío.

Después de unos segundos de silencio, mientras ambos recuperaban el aliento, Thiago habló. —¿Vamos a seguir?

Bianca, todavía arrodillada, lo pensó un momento. Sus ojos brillaron con una chispa de determinación y, con una sonrisa apenas perceptible, respondió: —Sí, obvio que sí.

Want to know how it ends?

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