**Capítulo 1: Confesiones Peligrosas**
El aire en el patio trasero de la facu estaba cargado de tensión. Bianca, con su pelo castaño corto desordenado por el viento, ajustó sus lentes sobre la nariz y cruzó los brazos, intentando parecer más segura de lo que se sentía. Sus tetas grandes y redondas se marcaban bajo la remera ajustada, pero no era eso lo que tenía a Camila, su amiga de la facu, con la boca abierta y los ojos como platos.
—¿Qué mierda acabo de leer en tu celular, Bianca? —preguntó Camila, sosteniendo el teléfono de su amiga como si fuera una bomba a punto de explotar. Su tono era una mezcla de incredulidad y morbo—. ¿De verdad estás diciendo esas cosas con Thiago? ¿Tu hermano?
Bianca se mordió el labio inferior, sus mejillas blancas tiñéndose de un rojo furioso. Quiso inventar una excusa, pero sabía que no había vuelta atrás. Camila había visto los mensajes, las palabras subidas de tono, las promesas de lo que harían la próxima vez que sus viejos no estuvieran en casa. Suspiró, resignada, y levantó la mirada con una chispa de desafío.
—¿Y qué si es verdad? —dijo, su voz temblando un poco, pero con un filo que sorprendió a Camila—. Sí, me estoy cogiendo a Thiago. ¿Contenta? ¿Querés detalles o con eso te alcanza?
Camila dio un paso atrás, como si la confesión le hubiera pegado un cachetazo. Sus ojos se achicaron, procesando la información. —¿Estás loca, Bianca? ¿Tu hermano? ¿En serio? Eso es… eso es enfermo.
—No te hagas la santa, Cami —replicó Bianca, su timidez habitual reemplazada por una furia contenida—. No te estoy pidiendo tu opinión ni tu bendición. Lo que pasa entre Thiago y yo es nuestro. Y sí, sabemos que está mal, que no deberíamos, pero no podemos parar. Cada vez que estamos solos en casa… —su voz bajó, casi un susurro cargado de deseo reprimido— no hay rincón que no hayamos usado. La cocina, el living, hasta el lavadero. No podés imaginar lo que es sentirlo, saber que está mal y aun así no poder resistirte.
Camila tragó saliva, claramente incómoda, pero también intrigada. —¿Y qué, lo hacés porque estás caliente o porque de verdad sentís algo por él? —preguntó, intentando sonar dura, pero su curiosidad la delataba.
Bianca soltó una risa amarga. —¿Qué importa? Lo que siento cuando estoy con él no lo sentí con nadie más. Es como si todo el mundo desapareciera y solo quedáramos nosotros, sudando, jadeando, perdiendo el control. —Sus ojos brillaron con un recuerdo reciente, y su voz se volvió más grave—. La última vez, en su cuarto, me tuvo contra la pared, sus manos en mi culo, y yo solo podía pensar en lo duro que estaba, en cómo me hacía sentir. No hay nada que se compare a eso.
Camila se quedó en silencio, sus mejillas también enrojecidas, atrapada entre el asco y una fascinación que no quería admitir. Finalmente, levantó las manos en señal de rendición. —Está bien, Bianca. No voy a decir nada. Pero esto… esto es demasiado. Tené cuidado, boluda. Si alguien más se entera, estás en problemas.
Bianca asintió, su expresión suavizándose un poco. —Gracias, Cami. Sé que es una locura, pero no puedo evitarlo. Y no quiero que termine.
Mientras Camila se alejaba, Bianca se quedó sola, el corazón latiendo fuerte en su pecho. Sabía que esa noche, cuando llegara a casa y viera a Thiago con su pelo oscuro despeinado y esa sonrisa de chico malo, no iba a poder resistirse. Ya podía imaginarlo, sus manos en su cuerpo, su aliento caliente en su cuello, y esa necesidad desesperada creciendo dentro de ella, mojándola, volviéndola loca. Solo tenía que esperar unas horas más para tenerlo de nuevo, para sentirlo dentro, y dejar que todo lo demás se fuera al carajo.
Want to know how it ends?
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