Capítulo 1: Un Día Caliente en la Piscina
El sol ardía sobre la casa de playa de la tía Carmen, un refugio de arena y sal donde los secretos parecían flotar en el aire como la brisa marina. Javier, de 19 años, estaba recostado en una tumbona junto a la piscina, con los ojos entrecerrados, fingiendo leer un libro mientras su tía, una mujer de curvas pronunciadas y una sonrisa que escondía mil intenciones, se acomodaba frente a él. Carmen, con su bikini negro que apenas contenía su figura, estiró las piernas y dejó caer un frasco de crema en el suelo con un gesto deliberado.
—Javi, cariño, ¿me haces un favor? —dijo con una voz melosa, inclinándose un poco para que él no pudiera evitar mirar el escote que se asomaba—. Mis pies están ardiendo después de caminar por la playa. ¿Me pones un poco de crema? No muerdo… a menos que quieras.
Javier tragó saliva, sintiendo cómo el calor subía por su cuerpo, y no precisamente por el sol. Se sentó junto a ella, tomando el frasco con manos algo temblorosas. —¿Segura que no prefieres que lo haga alguien más, tía? No soy muy bueno con esto.
—¿Alguien más? —Carmen soltó una carcajada ronca, arqueando una ceja—. ¿Quién, tu mamá? Vamos, no seas tímido. Además, sé que te gusta mirar. No creas que no me he dado cuenta de cómo te quedas viendo mis pies… y los de tu madre, con esos pies enormes que tiene. Monstruosos, diría yo, pero apuesto a que te mueres por tocarlos.
—¡Tía! —Javier se sonrojó, pero no pudo evitar que su mirada bajara a los pies de Carmen, bronceados y ligeramente sudorosos por el calor. La piel brillaba bajo el sol, y mientras empezaba a masajear la crema, sintió cómo su cuerpo reaccionaba de una manera que no podía disimular. Estaba duro, y ella lo notó al instante.
—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? —dijo Carmen, con una sonrisa traviesa, moviendo los dedos de los pies con una lentitud provocadora—. Parece que alguien está más que emocionado. ¿Sabes qué, Javi? Si quieres, puedo ayudarte con eso. ¿Qué dices? ¿Te apetece algo… especial?
Javier se quedó sin palabras por un segundo, su respiración volviéndose pesada. —¿Especial? ¿A qué te refieres?
—No te hagas el tonto —respondió ella, bajando la voz a un susurro seductor mientras sus pies se deslizaban más cerca de su regazo—. Puedo hacerte sentir muy bien con estos pies sudorosos. Un pequeño secretito entre tú y yo. Vamos, di que sí.
La tensión en el aire era palpable. Javier sabía que no debía, que esto estaba mal en todos los sentidos, pero el deseo lo consumía. Asintió lentamente, y Carmen soltó una risa baja, satisfecha. Sus pies comenzaron a moverse con una destreza que lo dejó sin aliento, el calor de su piel sudorosa rozando contra él, haciéndolo jadear. Estaba perdido en el momento, su mente nublada por el placer, cuando la voz de Carmen cortó el aire con un tono burlón.
—¿Sabes? Deberías pedirle a tu mamá que te haga esto alguna vez. Esos pies gigantes y jugosos que tiene… apuesto a que te volverían loco. Imagínatelo, Javi, su piel húmeda y caliente contra ti. ¿No te pone cachondo solo de pensarlo?
Las palabras de Carmen lo golpearon como un rayo, avivando aún más el fuego que lo consumía. Estaba al borde, sudando, jadeando, su cuerpo temblando mientras ella seguía con sus movimientos expertos. El mundo a su alrededor desapareció, y justo cuando sentía que iba a explotar, un ruido seco los interrumpió. La puerta de la casa se abrió de golpe. Su madre, María, estaba de pie allí, con las bolsas de compras cayendo al suelo y una expresión de puro shock en el rostro.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —gritó María, su voz resonando en el patio.
Carmen ni siquiera se inmutó, simplemente sonrió y se recostó en la tumbona, sus pies aún cerca de Javier. —Ay, María, no te pongas así. Solo estábamos… jugando un poco. ¿Por qué no te unes? Seguro que a Javi le encantaría probar esos pies monstruosos tuyos.
La escena quedó suspendida en un silencio cargado de electricidad, con Javier atrapado entre la vergüenza y un deseo que no podía apagar. ¿Qué haría su madre? ¿Cómo terminaría esto? Solo el tiempo lo diría, pero una cosa era segura: este verano en la casa de playa nunca sería olvidado.
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