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Secretos en la Mesa

Secretos en la Mesa

Capítulo 1: El Juego de las Miradas

La casa olía a guiso de lentejas, un aroma cálido que llenaba cada rincón mientras la voz de la madre de Bianca y Thiago resonaba desde la cocina. '¡Bajen a comer, che! ¡Se enfría todo!' gritó con ese tono que no admitía demoras. Bianca, con su cabello moreno corto desordenado y sus lentes ligeramente torcidos, bajó las escaleras con pasos tímidos, ajustándose la remera que apenas contenía sus tetas grandes y redondas. Sus ojos verdosos evitaban cualquier contacto visual mientras se sentaba a la mesa. Thiago, alto y delgado, con el pelo oscuro despeinado como si acabara de salir de una tormenta, la siguió con una calma fingida, tirándose en la silla de enfrente con una sonrisa que escondía todo.

Todo parecía normal. Los platos humeantes, el padre hojeando el diario, la madre sirviendo porciones generosas. Pero bajo la superficie, una tensión ardiente quemaba entre los hermanos. Esa tarde, cuando la casa estuvo vacía, se habían entregado a un deseo prohibido, un secreto que podía arruinarles la vida. Habían follado como si el mundo se acabara, con una pasión desenfrenada que los dejó sudando y jadeando, el cuerpo de Bianca temblando bajo el peso de Thiago, su piel pálida enrojecida por el roce. Ahora, sentados ahí, actuaban como si nada. Pero sus mentes estaban en otro lado. Bianca no podía sacarse de la cabeza el calor de su hermano, la forma en que la había hecho sentir tan viva, tan deseada. Thiago, por su parte, disimulaba con un tenedor en la mano, pero sus ojos se deslizaban hacia ella, hambrientos, recordando cómo su cuerpo se había sentido tan jodidamente bien.

'¿Y, Bianca, cómo va la facu?' preguntó su madre, rompiendo el silencio mientras le pasaba el pan. Bianca se atragantó con un sorbo de agua, sus mejillas poniéndose rojas. 'Eh… bien, ma. Todo… normal,' balbuceó, incapaz de concentrarse. Su cabeza estaba llena de imágenes de esa tarde, de Thiago agarrándola con fuerza, de su respiración caliente contra su cuello. '¿Normal? Mirá que sos vaga para contar, eh,' bromeó su padre, sin notar el nerviosismo en su voz. Thiago soltó una risita baja, cargada de intención, y le lanzó una mirada fugaz. 'Dejá a la piba, pa. Seguro está estudiando duro,' dijo, enfatizando la última palabra con un tono que solo Bianca entendió. Ella le devolvió una mirada fulminante, pero sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible. 'Sos un pelotudo,' murmuró por lo bajo, y él solo se encogió de hombros, como si no pudiera evitar provocarla.

De repente, la madre dejó el cucharón sobre la mesa con un golpe seco. 'Ya sé lo que estuvieron haciendo toda la tarde,' dijo, su voz seria, casi acusadora. El corazón de Bianca se detuvo. Thiago se quedó inmóvil, el tenedor a medio camino de su boca. La habitación se sumió en un silencio pesado, el aire cargado de terror. ¿Cómo lo sabían? ¿Los habían escuchado? Bianca sintió un nudo en el estómago, sus manos temblando bajo la mesa. Thiago apretó la mandíbula, buscando una excusa, cualquier cosa. Hasta que su madre señaló con un dedo al final de la mesa, donde un mazo de cartas descansaba olvidado. 'Estuvieron jugando a las cartas, ¿no? ¡Cómo no me esperaron, manga de egoístas!' soltó con una carcajada.

El alivio los golpeó como una ola. Bianca soltó un suspiro que casi sonó como un gemido, y Thiago se rió, un poco más fuerte de lo necesario. 'Ma, sos una dramática. Te íbamos a llamar,' mintió él, guiñándole un ojo a Bianca, quien todavía sentía el pulso acelerado. 'Sí, claro, siempre me dejan afuera,' replicó la madre, ajena al torbellino de emociones que acababa de desatar. Pero mientras la conversación volvía a la normalidad, los hermanos intercambiaron una mirada que decía todo. Su secreto tabú estaba a salvo… por ahora. Y esa certeza, mezclada con el recuerdo de sus cuerpos entrelazados, hizo que Bianca sintiera un calor húmedo entre las piernas, un deseo que sabía no podría ignorar por mucho más tiempo.

Want to know how it ends?

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