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Secretos en la Mesa

Secretos en la Mesa

Capítulo 1: El Juego Prohibido

La luz tenue del comedor de la familia Gómez caía sobre la mesa de madera gastada, donde los platos humeaban con el aroma del guiso de lentejas que la vieja había preparado. Bianca, de 19 años, estaba sentada con la espalda recta, sus lentes empañados por el vapor de la comida, el pelo castaño corto rozándole la nuca. Su piel blanca parecía casi brillar bajo la lámpara, y aunque su sonrisa era tímida, sus ojos escondían un secreto que le aceleraba el pulso. Sus tetas, grandes y redondas, se marcaban apenas bajo la remera holgada que llevaba, pero nadie en la mesa lo notaba. Nadie, salvo Thiago.

Thiago, de 22 años, estaba sentado frente a ella, con el pelo oscuro despeinado como si acabara de pasar la mano por él. Alto y delgado, tenía esa mirada de pillo que siempre ponía nerviosa a Bianca. Hace apenas unos minutos, en el pasillo oscuro que llevaba al baño, él le había entregado algo. Un plug anal, pequeño pero firme, envuelto en un papel discreto. 'Ponételo para la cena, hermanita. A ver si sos tan dulce como decís', le había susurrado con una sonrisa torcida, su voz cargada de desafío.

Bianca lo había mirado con los ojos bien abiertos, el corazón latiéndole en la garganta. '¿Estás loco, Thiago? ¿En la cena? ¡La vieja nos mata si se entera!', había protestado, pero su voz temblaba de una mezcla de miedo y curiosidad. Thiago se había acercado más, su aliento cálido contra su oído. 'No se va a enterar, Bianca. Solo vos y yo sabemos. Dale, animate. Quiero verte squirmear un rato'. Y con eso, le había dado una palmada suave en el culo antes de volver al comedor como si nada.

Ahora, sentada a la mesa, Bianca sentía el plug dentro de ella, una presión constante que la hacía apretar los muslos bajo la mesa. Intentaba concentrarse en el guiso, en las charlas banales de su madre sobre el vecino que no pagaba la luz, pero cada movimiento suyo era un recordatorio de lo que llevaba puesto. Y Thiago, el muy hijo de puta, no paraba de mirarla con esa sonrisa de lado, como si supiera exactamente lo que estaba pasando por su cabeza.

'¿Qué te pasa, Bianca? Estás más callada que de costumbre', dijo Thiago de repente, su tono burlón cortando el aire. Bianca levantó la vista, sus mejillas ya coloradas, y lo fulminó con la mirada. 'Nada, boludo. Estoy comiendo, ¿no ves? Dejá de joder', respondió, tratando de sonar firme, pero su voz se quebró un poco al final. Thiago soltó una risita baja, inclinándose hacia adelante con los codos en la mesa. 'Uh, qué carácter. Mirá cómo se pone la nena cuando la pinchan un poco', dijo, y el doble sentido de sus palabras hizo que Bianca casi se atragante con el pan.

'¡Thiago, dejá de molestar a tu hermana!', intervino la madre desde el otro lado de la mesa, pero él solo se encogió de hombros, sin apartar los ojos de Bianca. Ella sentía el calor subiéndole por el cuello, una mezcla de bronca y algo más, algo que no quería admitir. El plug la hacía sentir expuesta, vulnerable, pero también... poderosa, de alguna manera. Saber que compartía ese secreto con Thiago, que solo ellos dos entendían el juego, le daba una adrenalina que no podía ignorar.

'Voy a buscar más agua', dijo de pronto, levantándose con cuidado, consciente de cada movimiento. Thiago la siguió con la mirada, y cuando ella pasó por detrás de su silla, sintió su mano rozarle la cintura, apenas un toque, pero suficiente para hacerla estremecer. 'Cuidado, no se te caiga nada', murmuró él, tan bajo que solo ella pudo escucharlo. Bianca giró la cabeza, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y deseo. 'Cerrá el orto, Thiago. No sabés con quién te estás metiendo', le soltó, su voz un susurro afilado antes de seguir camino a la cocina.

En la soledad de la cocina, Bianca apoyó las manos en la mesada, respirando hondo. Sentía el plug, sentía el calor entre sus piernas, y sabía que Thiago no iba a parar con sus jueguitos. Pero ella tampoco era de las que se achicaban. Si él quería jugar, iba a jugar. Y lo iba a hacer a su manera. Volvió al comedor con la jarra de agua, su mirada fija en él, una promesa silenciosa de que esto no terminaba en la mesa. La noche apenas empezaba, y el fuego entre ellos estaba a punto de estallar.

Want to know how it ends?

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