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Secretos en la penumbra

Secretos en la penumbra

Capítulo 1: Susurros prohibidos

Bianca estaba tirada en su cama, completamente desnuda, con las sábanas revueltas y el celular pegado a la oreja. Su piel pálida brillaba bajo la luz tenue de la lámpara de noche, y sus tetas grandes subían y bajaban con cada respiración entrecortada. Hablaba con su mamá, que estaba de vacaciones en Brasil con su papá, mientras intentaba mantener la compostura. La casa estaba vacía, o eso pensaban sus viejos. Pero entre las piernas de Bianca, Thiago, su hermano, no le daba tregua. Su lengua se movía con una precisión endiablada, devorando su concha con una hambre que la hacía temblar.

—Ma, sí, todo bien por acá —dijo Bianca, con la voz entrecortada, tratando de sonar casual mientras apretaba los muslos alrededor de la cabeza de Thiago—. No, no pasa nada, estoy... estoy mirando una peli.

Thiago levantó la mirada, sus ojos oscuros brillando con picardía. Su pelo despeinado caía sobre la frente mientras se relamía los labios, húmedos de ella. —¿Una peli? —susurró con una sonrisa burlona, su voz baja para no ser oído—. ¿Eso soy ahora, un puto blockbuster?

—¡Shh, boludo, callate! —siseó Bianca, tapando el micrófono del celular con la mano. Lo miró con furia, aunque sus ojos traicionaban el fuego que sentía. Estaba empapada, y cada lamida de Thiago la acercaba más al borde. Bajó la voz y le espetó—: Si seguís así, nos van a cazar. Andá más despacio, la concha que te parió.

Thiago soltó una risa baja, casi un gruñido, y se limpió la boca con el dorso de la mano. —Despacio, dice. Como si no te estuviera viendo cómo te retorcés, hermanita. Estás chorreando, no me jodas.

Bianca lo fulminó con la mirada, pero no pudo evitar que un gemido se le escapara cuando él volvió a hundir la cara entre sus piernas. Rápidamente destapó el micrófono y retomó la charla con su mamá, intentando sonar normal. —¿Qué decías, ma? Ah, sí, la casa está impecable, no te preocupes.

—¿Estás bien, Bianca? —preguntó su madre del otro lado de la línea, con un tono de sospecha—. Te noto rara, como agitada.

—¿Rara? No, para nada —respondió Bianca, forzando una risa mientras Thiago le mordisqueaba el interior del muslo, haciéndola estremecer—. Es que... eh, estoy haciendo ejercicio mientras hablamos. Un poco de cardio, ¿sabés?

Thiago levantó una ceja y murmuró contra su piel: —¿Cardio? Si querés cardio, te doy cardio de verdad. —Y sin esperar respuesta, redobló el ritmo, lamiendo con una intensidad que hizo que Bianca tuviera que morderse el labio para no gritar.

—Che, Bianca, ¿y Thiago? ¿Dónde anda tu hermano? —preguntó su mamá de repente.

Bianca se quedó helada. Miró a Thiago, que seguía entre sus piernas, con una sonrisa de hijo de puta mientras seguía comiéndosela sin piedad. Su mente corrió a mil por hora. —¿Thiago? Eh... salió con unos amigos, creo. No sé, no lo vi mucho hoy —mintió, mientras sentía cómo el calor subía por su cuerpo, su concha palpitando bajo la boca de su hermano.

—¿Amigos? Mirá vos, siempre de joda ese chico —dijo su mamá, sin sospechar nada. Pero Bianca apenas la escuchaba. Thiago estaba llevándola al cielo, y ella sabía que no iba a aguantar mucho más. Estaba sudando, jadeando, y cada palabra que salía de su boca era un esfuerzo titánico.

De pronto, Thiago se incorporó, su respiración pesada, y se posicionó sobre ella. Su pija estaba dura como piedra, y con un movimiento rápido, se corrió en su cara. Bianca sintió el calor pegajoso en la piel y, sin pensarlo, se llevó un dedo a la boca, probando el gusto salado mientras intentaba mantener la compostura.

—Ma, tengo que cortar, se me está por acabar la batería —dijo con voz temblorosa, mientras Thiago la miraba con una mezcla de lujuria y burla—. Hablamos mañana, ¿sí? Besos.

Cortó la llamada y tiró el celular a un lado, fulminando a Thiago con la mirada. —Sos un enfermo, ¿sabés? Casi nos descubren por tu culpa.

Thiago se rió, limpiándose el sudor de la frente. —Y vos una hipócrita. Estabas más mojada que el Río de la Plata. No te hagas la santa ahora.

Bianca lo empujó con una mano, pero no pudo evitar sonreír. El juego apenas comenzaba, y ambos sabían que esa semana sin sus viejos iba a ser un infierno de deseo y secretos.

Want to know how it ends?

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