Capítulo 1: Confesiones en la Oscuridad
Soy Bianca, tengo 19 años y, aunque a simple vista parezco la típica piba tímida con lentes y pelo castaño corto, no soy normal. Nunca lo fui. Hay cosas que no se dicen, que se guardan bajo llave en el fondo del alma, pero hoy... hoy necesito soltarlas. No sé si es por culpa o por alivio, pero acá estoy, con el corazón latiendo a mil, lista para contarlo todo.
Mi hermano Thiago, de 22, es el centro de mi mundo prohibido. Alto, flaco, con ese pelo oscuro siempre despeinado que le da un aire de chico malo, aunque en el fondo es un dulce. Pero lo nuestro no tiene nada de dulce, o al menos no de la manera que la gente espera. Cuando nuestros viejos no están, la casa se transforma en un campo de batalla de deseos que no deberíamos tener. Nos duchamos juntos, el agua caliente cayendo sobre nuestros cuerpos desnudos, las manos explorando sin pudor. Dormimos sin ropa, enredados en las sábanas de mi cama o la suya, sintiendo el calor del otro como si fuera lo único que importa.
No hay rincón de la casa que no hayamos profanado. En la cocina, me apoya contra la mesada mientras sus dedos se pierden en mí, haciéndome temblar. En el sillón del living, me monta con una urgencia que me vuelve loca, sus jadeos mezclándose con los míos. En el baño, el vapor del espejo no alcanza a ocultar lo que hacemos, y en nuestras piezas... bueno, ahí es donde todo explota. No hay reglas, no hay límites. Es un juego peligroso, pero no podemos parar.
Hoy, por ejemplo, apenas se cerró la puerta detrás de nuestros viejos, Thiago me miró con esa sonrisa torcida que me desarma. '¿Qué estás esperando, Bian? Vení acá', me dijo, su voz baja, cargada de promesas. Yo, que siempre fui la tímida, la que se sonroja por todo, me acerqué con una seguridad que solo él me saca. 'No te hagas el canchero, que sabés que no te resistís', le tiré, mientras me sacaba la remera despacito, dejando que sus ojos se claven en mis tetas grandes y redondas. Él soltó una risa ronca, acercándose. 'Sos una provocadora, eh. Vamos a ver quién manda hoy', me desafió, y sus manos ya estaban en mi cintura, bajando mi short con una lentitud que me ponía los nervios de punta.
Estábamos en su pieza, la ropa tirada por el piso, y el aire se sentía pesado, cargado de tensión. 'Mirá cómo me ponés, Bianca', murmuró, su voz temblando de deseo mientras me mostraba lo hard que estaba, su cock listo para mí. Yo no pude evitar reírme, juguetona. 'Parece que alguien está desesperado. ¿Querés que te ayude con eso?', le dije, arrodillándome frente a él, mis ojos fijos en los suyos. 'No te hagas la dura, que sé que estás wet, hermanita', me retrucó, y tenía razón. Estaba dripping, mi pussy latiendo por él.
Sus manos se enredaron en mi pelo mientras yo empezaba a jugar con él, mi boca rodeándolo, sintiendo cada reacción suya. 'La concha, Bianca, sos increíble', jadeó, y yo solo sonreí, sabiendo el poder que tenía sobre él. Pero no iba a dejar que él tuviera todo el control. Me levanté, empujándolo contra la cama. 'Ahora me toca a mí', le dije, sentándome sobre él, moviéndome despacio, torturándolo. Estábamos sweating, panting, los dos horny como nunca, y sabía que esto iba a terminar en una explosión que nos iba a dejar temblando.
Pero no voy a contar cómo termina esto... todavía. Porque todo esto, todo lo que acabo de decir, no se lo estoy contando a cualquiera. Estoy sentada en un sillón de cuero, con una mujer frente a mí que me mira con una mezcla de curiosidad y profesionalismo. Mi psicóloga. Sí, estoy confesando mi mayor secreto, el que me quema por dentro. Y mientras hablo, no sé si siento alivio o terror por lo que pueda pasar ahora que las palabras están afuera, desnudas como yo y Thiago en esas noches prohibidas.
Want to know how it ends?
This is just the opening chapter. Continue the saga — or write a steamy tale starring you.