Capítulo 1: Tensión Bajo la Superficie
La sala de espera del ginecólogo estaba impregnada de un silencio incómodo, solo roto por el murmullo de las revistas hojeadas y el tic-tac del reloj en la pared. Bianca, con su pelo corto y moreno cayendo justo por encima de los hombros, ajustó sus lentes sobre el puente de su nariz mientras intentaba hundirse en la silla. Su ropa modesta, una blusa floja y una falda hasta las rodillas, escondía las curvas que nadie imaginaría: esas tetas redondas y llenas que solo una persona conocía a la perfección. A su lado, su mamá, con el ceño fruncido, revisaba el celular sin prestarle demasiada atención.
De pronto, una voz estridente rompió el aire. '¡Mirá quién está acá! ¡Cuánto tiempo, che!' Era una amiga de su mamá, una mujer de sonrisa ancha y perfume fuerte, que se acercó con los brazos abiertos. Las dos mujeres se fundieron en un abrazo y empezaron a charlar como si no existiera nadie más en la sala. Bianca, tímida como siempre, bajó la mirada, fingiendo interés en sus uñas.
'¡Bianca, cómo creciste, nena! ¡Estás hecha una mujer!' exclamó la amiga, mirándola de arriba abajo con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Bianca sintió que el calor le subía por el cuello, pero sonrió débilmente y murmuró un 'Gracias' apenas audible.
La conversación giró hacia los hijos, como era de esperarse. 'Mis chicos se llevan para el orto, peleando todo el día. No sé qué hacer con ellos,' se quejó la mujer, sacudiendo la cabeza. Luego, con una mirada inquisitiva, apuntó directo a Bianca. 'Y vos, ¿cómo te llevás con Thiago? ¿Son de pelearse o se la bancan?'
El corazón de Bianca dio un vuelco. Thiago. Su hermano. Su secreto. Las imágenes de sus encuentros prohibidos destellaron en su mente: las manos de él recorriendo su piel pálida, el calor de sus cuerpos enredados en las sábanas cuando sus padres no estaban. Tragó saliva, sintiendo que la sala se achicaba. 'Eh... bien, re bien. Hacemos cosas normales de hermanos, ¿viste? Miramos pelis, jugamos a juegos de mesa... esas cosas,' respondió, su voz temblando apenas lo suficiente como para que su mamá levantara una ceja.
'¿Estás bien, Bianca? Te noto medio rara,' dijo su mamá, girando la cabeza con una mezcla de preocupación y sospecha. Bianca forzó una sonrisa, apretando las manos en su regazo. 'Sí, ma, todo piola. Solo estoy un poco nerviosa por la consulta, nada más.' Su mamá asintió, aunque no parecía del todo convencida, y volvió a su celular.
La amiga de su mamá soltó una risita. 'Ay, los hermanos... siempre hay algo, ¿no? Aunque sea una pavada, siempre terminan sacándose las ganas de alguna forma.' Bianca casi se atraganta con su propia saliva. ¿Sacarse las ganas? Si supiera. Si supiera que cada vez que se quedaban solos, Thiago y ella no podían mantener las manos quietas. Que no había juegos de mesa ni pelis, solo una urgencia desesperada por tocarse, por devorarse.
Mientras las mujeres seguían charlando, Bianca sintió un cosquilleo familiar en el fondo de su vientre. Pensar en Thiago, en su pelo oscuro y desaliñado, en esa sonrisa sarcástica que siempre la desafiaba, la ponía inquieta. Recordó la última vez, apenas dos días atrás, cuando él la había acorralado contra la pared de su cuarto. 'Sos un peligro, Bianca. Mirá cómo me ponés,' le había susurrado al oído, su voz ronca mientras sus dedos se deslizaban bajo su blusa, buscando la piel que ardía por él.
Ella había intentado resistirse, solo por el juego, solo para provocarlo. '¿Y qué vas a hacer al respecto, Thiago? ¿O solo vas a hablar?' le había retrucado, con una sonrisa desafiante. Él no había respondido con palabras. Solo la había levantado en el aire, sus piernas rodeando su cintura, mientras sus bocas se buscaban con hambre. La tensión estaba a punto de estallar, sus cuerpos sudando, jadeando, listos para perderse el uno en el otro...
Un llamado desde la recepción la sacó de su ensoñación. '¿Bianca Gómez?' Su corazón latía desbocado, no solo por el recuerdo, sino por lo que sabía que pasaría esa noche, cuando volvieran a estar solos. Se levantó, ajustándose la falda, y siguió a la enfermera, sabiendo que la verdadera espera apenas comenzaba.
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