← Story Library

Secretos Prohibidos

Secretos Prohibidos

**Capítulo 1: Verdades al Desnudo**

El aire en el patio de la facu estaba cargado de tensión, como si el mismísimo calor de Buenos Aires en verano se hubiera metido entre Bianca y Camila. Bianca, con su pelo castaño corto desordenado por el viento, ajustó sus lentes con un gesto nervioso. Sus ojos, grandes y brillantes, esquivaban la mirada de su amiga. Camila, parada frente a ella con los brazos cruzados, no podía disimular la mezcla de incredulidad y morbo que le bailaba en la cara.

—¿Qué carajo, Bianca? ¿De verdad escribiste eso en el chat con tu hermano? —preguntó Camila, su voz afilada como un cuchillo de cocina. Bajó el tono, casi susurrando, pero el desprecio se le escapaba por los poros—. ¿O sea, estás loca o qué? Decime que es una joda.

Bianca se mordió el labio inferior, sus mejillas blancas tiñéndose de un rojo furioso. Sus tetas, grandes y redondas, subían y bajaban con cada respiración agitada bajo la remera ajustada. No había vuelta atrás. La verdad estaba ahí, expuesta como un cuerpo desnudo en medio de la plaza.

—No es una joda, Cami —dijo finalmente, su voz temblando pero con una firmeza que sorprendió a ambas—. Es verdad. Todo lo que viste… es verdad.

Camila dio un paso atrás, como si las palabras de Bianca fueran un golpe físico. Sus ojos se abrieron de par en par. —¿Qué estás diciendo, boluda? ¿Que te estás garchando a Thiago? ¿A tu hermano? ¿En serio?

Bianca levantó la mirada, y aunque el nerviosismo le hacía temblar las manos, había algo en su expresión que gritaba desafío. —Sí, Cami. Nos cogemos. Cada vez que estamos solos en casa, no podemos parar. Es… es como una adicción. Sabemos que está mal, que es un desastre, pero no podemos evitarlo. Cada rincón de la casa lo usamos. La cocina, el living, hasta el baño… no queda lugar sin manchar.

Camila se quedó muda por un segundo, procesando. Luego soltó una risa nerviosa, casi histérica. —¿Me estás jodiendo? ¿O sea que cuando tu vieja no está, ustedes dos se mandan una fiesta de incesto por toda la casa? Esto es enfermo, Bianca.

—No te estoy pidiendo que lo entiendas —replicó Bianca, su voz ahora más dura, cortante como vidrio roto—. Te estoy pidiendo que no abras la boca. Esto es entre Thiago y yo. Nadie más tiene por qué saberlo.

Camila se pasó una mano por el pelo, todavía aturdida. —No sé qué decirte, loca. Esto es demasiado. Pero… está bien. No voy a decir nada. Por ahora. Pero tené cuidado, porque si esto se sabe, se arma un quilombo de novela.

Bianca asintió, el alivio mezclado con una chispa de deseo al pensar en Thiago. Esa misma tarde, sabía que lo tendría esperándola en casa. Sus padres no volverían hasta la noche, y el calor del verano ya le estaba prendiendo fuego por dentro. Apenas cruzara la puerta, lo buscaría. Recordó la última vez, en el sillón del living, con Thiago encima de ella, sus manos fuertes agarrándola con desesperación, su respiración caliente contra su cuello. Podía sentir cómo se ponía dura contra ella, cómo su cuerpo entero pedía más. Y ella, siempre tan tímida afuera, se transformaba en una fiera con él, exigiendo, gimiendo, dejando que la lujuria hablara por los dos.

Mientras Camila se alejaba con una última mirada de incredulidad, Bianca ya estaba perdida en sus pensamientos. Sabía que apenas llegara a casa, no habría palabras. Solo piel, sudor y el sonido de sus jadeos llenando el aire. Thiago estaría ahí, con ese pelo oscuro despeinado, mirándola con hambre, listo para devorarla. Y ella, empapada de deseo, no se iba a contener. No esta vez. No nunca.

Want to know how it ends?

This is just the opening chapter. Continue the saga — or write a steamy tale starring you.