Capítulo 1: En la Sala de Espera
El consultorio del ginecólogo estaba lleno de murmullos y el olor a desinfectante que se pegaba a la nariz. Bianca, con su pelo castaño corto rozándole el cuello y sus lentes deslizándose por la nariz, se sentó al lado de su mamá en una de esas sillas incómodas de plástico. Sus tetas grandes y redondas se marcaban bajo la remera ajustada, aunque ella siempre intentaba disimularlas con una postura tímida. Había caminado un montón con su vieja y ahora solo quería que la llamaran rápido y terminar con esto.
De repente, una voz chillona cortó el aire. '¡Mirá quién está acá! ¡Bianca, cuánto creciste, che!' Era Marta, una amiga de su mamá, con una sonrisa de oreja a oreja y un perfume dulzón que mareaba. Bianca levantó la vista, forzando una sonrisa amable mientras su mamá y Marta se ponían a charlar como si no se vieran hace siglos. '¡Estás hecha una mujer, nena! ¿Cuántos años tenés ya? ¿Diecinueve? ¡La pucha, cómo pasa el tiempo!' dijo Marta, mirándola de arriba abajo. Bianca se encogió un poco, sintiendo el peso de esa mirada.
'Bueno, sí, el tiempo vuela', murmuró Bianca, dulce pero con la voz temblorosa. La charla siguió, y Marta no tardó en sacar el tema de los hijos. 'Ay, los míos se pelean todo el día, no se bancan. ¿Y vos, Bianca, cómo te llevás con Thiago?' La pregunta cayó como una bomba. Bianca se congeló, el corazón le latía tan fuerte que pensó que lo iban a escuchar. ¿Qué podía decir? ¿Que cuando están solos se devoran como animales, que sus manos y su boca conocen cada rincón del cuerpo de su hermano? ¿Que lo que hacen es un secreto sucio, prohibido, pero que no pueden parar?
'Eh… bien, todo bien. Hacemos cosas normales de hermanos, ¿viste? Tipo… mirar pelis juntos', soltó Bianca, con la cara ardiendo y la mirada perdida en el suelo. Su mamá, que estaba atenta, frunció el ceño. '¿Estás bien, Bia? Te noto rara'. Bianca sintió un nudo en el estómago. La sola idea de que su vieja sospechara algo, de que supiera que sus hijos eran unos degenerados, le daba pánico. 'No, nada, ma. Estoy cansada de la caminata, nomás', respondió rápido, intentando cambiar de tema.
Pero Marta no aflojaba. 'Viste cómo son los hermanos, siempre andan a las piñas, pero al final se sacan las ganas y se arreglan, ¿no?' dijo con una risita inocente. Bianca casi se atraganta con su propia saliva. ¿Sacar las ganas? Si supiera cómo ella y Thiago se las sacaban… Se mordió el labio, tratando de mantener la compostura mientras las imágenes de su hermano, alto y delgado, con el pelo oscuro despeinado, se le colaban en la cabeza. Esas noches en las que sus cuerpos se enredaban, sudorosos y desesperados, no salían de su mente.
Por suerte, su mamá y Marta decidieron ir a buscar algo para tomar mientras esperaban. Bianca se quedó sola, aliviada, y sacó el celular para distraerse. Pero apenas desbloqueó la pantalla, un mensaje de Thiago apareció. Una foto. Ella desnuda, con la mano alrededor de su verga dura, mirándolo con una mezcla de deseo y culpa. '¿Te acordás de esto, hermanita?', decía el texto. Bianca sintió un calor subirle por el cuerpo, pero también una bronca que le hizo apretar los dientes. '¡Boludo, no mandes estas cosas sin avisar! ¿Y si alguien lo ve? Nos van a descubrir, idiota', le respondió furiosa, aunque no podía negar que esa imagen la había puesto nerviosa, húmeda, con un cosquilleo entre las piernas que no podía ignorar.
Miró alrededor, asegurándose de que nadie la viera, y guardó el celular rápido. Pero el daño ya estaba hecho. Su cabeza estaba llena de recuerdos de Thiago, de su aliento caliente en el cuello, de cómo la hacía gemir mientras la penetraba con fuerza. Sabía que esa noche, cuando volvieran a estar solos, no iba a poder resistirse. Y aunque el miedo a que los descubrieran la carcomía, la idea de tenerlo otra vez, de sentirlo dentro suyo, era más fuerte que cualquier cosa.
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