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Secretos Prohibidos

Secretos Prohibidos

Capítulo 1: Susurros en la Pantalla

Bianca estaba sentada en el sillón gastado de la casa de Camila, con las piernas cruzadas y el celular pegado a las manos como si fuera una extensión de su cuerpo. Su pelo corto y moreno caía desordenado sobre sus lentes, y su remera holgada y sus jeans discretos escondían las curvas que nadie en la facu imaginaba. Era la típica piba tímida, de esas que pasan desapercibidas, pero bajo esa fachada de dulzura había un secreto que la quemaba por dentro.

Camila, su única amiga cercana, estaba tirada en el otro extremo del sillón, comiendo unas papas fritas y mirándola con curiosidad. 'Che, Bian, ¿qué te tiene tan enganchada con el celu? Estás como ida, boluda', dijo con una sonrisa pícara, intentando sacarle algo de jugo a la situación.

Bianca levantó la vista, un poco sobresaltada, y se ajustó los lentes con un movimiento nervioso. 'Eh, nada, Cami. Estoy charlando con Thiago, mi hermano. Cosas de familia, viste', respondió, tratando de sonar casual, aunque su voz tembló un poquito al final. Y no era para menos. En la pantalla de su celular, Thiago no estaba preguntándole por el almuerzo ni por cómo le había ido en la facu. No, el muy hijo de puta le estaba escribiendo cosas que harían sonrojar a cualquiera. 'Cuando llegues a casa, Bian, te voy a hacer cosas que no te podés ni imaginar. Mamá y papá no están, y yo estoy que no aguanto más. Preparate, porque no voy a parar hasta que estés temblando debajo mío', decía uno de los mensajes. Bianca sentía el calor subiéndole por el cuello, y no precisamente de vergüenza.

Camila arqueó una ceja, claramente no convencida. '¿Cosas de familia? Mirá vos, parece que tu hermano te tiene más entretenida que una novela de Netflix. ¿Qué te escribe que estás tan colorada, eh?', insistió, inclinándose un poco hacia ella con una sonrisa burlona.

Bianca forzó una risa y bloqueó el celular rápido, dejándolo sobre la mesa. 'Nada, Cami, pará. Es un pesado, siempre jodiendo con pavadas. Contame, ¿viste el último capítulo de esa serie que me recomendaste?', intentó cambiar de tema, aunque su corazón latía a mil por hora. No podía dejar que Camila siquiera intuyera lo que pasaba entre ella y Thiago. Si alguien se enteraba de esa relación prohibida, de ese deseo tabú que los consumía cuando estaban solos, su vida se iba a la mierda. La facu, sus viejos, todo el mundo los iba a señalar con el dedo.

Camila se encogió de hombros, todavía con esa mirada de 'no te creo una mierda', pero dejó el tema por un rato. Charlaron de boludeces un buen rato hasta que Cami sacó su propio celular y frunció el ceño. 'Puta madre, no tengo señal. ¿Me prestás el tuyo un segundo para mandar un mensaje?', preguntó, estirando la mano sin darle tiempo a Bianca a pensar.

Bianca sintió que el mundo se le venía abajo. 'Eh, sí, claro', dijo por inercia, pasándole el celular antes de que su cerebro procesara el peligro. Cuando se dio cuenta, el pánico la golpeó como un camión. ¿Y si Camila veía los mensajes de Thiago? ¿Y si leía esas palabras sucias, esas promesas de cosas que ningún hermano debería decirle a su hermana? Su respiración se aceleró mientras veía a su amiga desbloquear la pantalla.

Camila miró el celular y sus ojos se abrieron como platos. Bianca sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. '¿Qué... qué pasa?', balbuceó, lista para inventar cualquier excusa, aunque sabía que no había forma de explicar algo así.

Pero entonces Camila levantó la vista, con una expresión de sorpresa que no tenía nada que ver con lo que Bianca temía. 'Mirá esto, Bian. Te llegó una notificación de la facu. Cancelaron el encuentro de mañana. ¡Nos salvamos!', dijo, girando el celular para mostrarle la pantalla.

Bianca casi se desmaya del alivio. 'Ah, ¿en serio? Dejame ver', dijo, prácticamente arrancándole el celular de las manos. Sus conversaciones con Thiago seguían a salvo, pero su corazón no paraba de latir desbocado. Mientras fingía leer la notificación, no podía evitar pensar en lo que la esperaba en casa. Thiago, con esa mirada intensa y ese cuerpo delgado pero firme, esperándola para cumplir cada palabra de esos mensajes. Sabía que apenas cruzara la puerta, no iba a haber vuelta atrás. Y, aunque una parte de ella sabía que estaba mal, la otra parte —la que sentía el calor entre las piernas solo de pensarlo— no podía esperar para que él la hiciera suya otra vez.

Want to know how it ends?

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