Capítulo 1: En la Sala de Espera
Bianca tamborileaba los dedos sobre el apoyabrazos de la silla en la sala de espera del ginecólogo. El lugar olía a desinfectante y las revistas viejas sobre la mesita parecían gritar aburrimiento. A sus 19 años, con su pelo corto castaño y sus lentes que le daban un aire de chica estudiosa, se sentía fuera de lugar. Su ropa modesta, una blusa suelta y una pollera larga, no lograba disimular las curvas que cargaba con timidez, especialmente esas tetas grandes y redondas que atraían miradas indiscretas. Sentada al lado, su mamá hojeaba una revista con aire distraído.
De repente, una voz estridente rompió el silencio. '¡Mirá quién está acá! ¡Cuánto tiempo, che!' Era Marta, una amiga de su mamá, una mujer de sonrisa ancha y ojos curiosos que se sentó justo enfrente. Las dos mujeres se pusieron a charlar como si no se vieran hace siglos, mientras Bianca intentaba hundirse en su silla, deseando ser invisible.
'¡Bianca, cómo creciste, nena! ¡Hacía tanto que no te veía!' dijo Marta, clavándole la mirada con una mezcla de sorpresa y picardía. 'Estás hecha una mujer, ¿eh?'
Bianca forzó una sonrisa tímida, ajustándose los lentes. 'Sí, bueno... gracias,' murmuró, sintiendo cómo el calor le subía a las mejillas. No le gustaba ser el centro de atención, y menos con alguien como Marta, que parecía olfatear secretos a kilómetros.
La conversación derivó rápido a los hijos. Marta suspiró dramáticamente. 'Ay, mis chicos se llevan como el perro y el gato, no sabés. Pelean por todo, no hay caso. ¿Y vos, Bianca? ¿Cómo te llevás con Thiago?'
El corazón de Bianca dio un vuelco. Thiago. Su hermano de 22 años, alto, delgado, con ese pelo oscuro que le caía desordenado sobre la frente. Solo pensar en él le aceleraba el pulso. No podía contar la verdad, no podía ni siquiera insinuarlo. Nadie debía saber que, cuando se quedaban solos en casa, el aire se cargaba de una tensión que explotaba en encuentros prohibidos, desenfrenados. Sus manos recorriendo su piel, su aliento caliente contra su cuello, el roce de sus cuerpos buscando más, siempre más.
'¿Y, Bianca? ¿Todo bien con tu hermano?' insistió Marta, alzando una ceja.
Bianca carraspeó, recomponiéndose. 'Eh, sí, re bien. Hacemos... cosas normales de hermanos, ¿viste? Nada raro.' Su voz tembló un poco, pero mantuvo la compostura. Miró de reojo a su mamá, que frunció el ceño.
'¿Estás bien, Bianca? Te noto rara,' dijo su mamá, con ese tono de madre que todo lo detecta.
'¡No, no, estoy re bien! Solo... un poco nerviosa por la consulta, nada más,' respondió Bianca, rápido, demasiado rápido. El solo pensamiento de que su mamá pudiera siquiera sospechar lo que pasaba entre ella y Thiago la aterrorizaba. Las imágenes de sus encuentros se colaban en su mente sin permiso: Thiago apretándola contra la pared, sus manos firmes en su cintura, su voz ronca susurrándole cosas que la hacían arder. Sacudió la cabeza, intentando borrar esas ideas.
Por suerte, Marta siguió hablando de sus propios dramas familiares, y Bianca pudo respirar un poco. Pero la tensión no se iba. Cada palabra que salía de su boca sentía como un riesgo, como si en cualquier momento pudiera traicionarse y soltar todo. Sus dedos se apretaban contra el apoyabrazos, y un calor incómodo empezaba a crecer en su interior, una mezcla de nervios y deseo reprimido. Pensar en Thiago la ponía así, siempre. Horny, inquieta, con la piel erizada.
Finalmente, la voz del médico resonó en la sala. '¿Marta Gómez?' La amiga de su mamá se levantó con un '¡Ay, me toca!' y se despidió con un guiño. Bianca soltó un suspiro de alivio, dejando caer los hombros. Estaba a salvo, por ahora. Pero mientras esperaba su turno, no podía evitar que su mente volviera a Thiago. Esa noche, cuando llegara a casa, sabía que no habría forma de resistirse. Lo encontraría en su cuarto, con esa mirada que la desarmaba, y todo volvería a empezar. Sus cuerpos sudando, jadeando, ella húmeda y desesperada por sentirlo. Su respiración se aceleró solo de imaginarlo, y supo que no habría vuelta atrás.
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