Capítulo 1: El Juego de las Miradas
La habitación de Cami estaba impregnada de un aroma dulce, mezcla de su perfume frutal y el calor de la tarde porteña que se colaba por la ventana entreabierta. Bianca, sentada en la cama con las piernas cruzadas, tenía el celular pegado a las manos, sus dedos moviéndose rápidos sobre la pantalla. Su pelo corto y moreno caía apenas sobre sus gafas, y sus ojos verdosos brillaban con una intensidad que no encajaba con su ropa modesta, una remera holgada y unos jeans gastados que escondían las curvas voluptuosas de su cuerpo.
—¿Qué estás haciendo, Bian? Estás re metida en ese teléfono —preguntó Cami, tirándose de espaldas en la cama, con una sonrisa pícara en los labios. Su tono era curioso, pero había un filo juguetón que hizo que Bianca se tensara de golpe.
—Eh, nada, boluda. Hablo con Thiago, mi hermano —respondió Bianca, tratando de sonar casual, aunque su voz tembló un poquito. Cerró el celular con un movimiento brusco y lo dejó boca abajo sobre la cama, como si eso pudiera borrar los mensajes que ardían en su pantalla. Mensajes de Thiago, su hermano mayor, alto y desgarbado, con ese pelo oscuro siempre despeinado, diciéndole cosas que nadie debería leer. Cosas prohibidas, oscuras, que la hacían arder por dentro aunque sabía que estaban mal.
Cami entrecerró los ojos, apoyándose en un codo para mirarla mejor. —¿Con Thiago? Che, siempre estás hablando con él. Parece tu novio, no tu hermano —soltó con una risita, sin saber que sus palabras eran un puñal directo al pecho de Bianca.
Bianca sintió que el calor le subía por el cuello hasta las mejillas, pero se forzó a reír, aunque sonó más como un jadeo nervioso. —¡Qué decís, loca! Es mi hermano, nada más. ¿No tenés nada mejor de qué hablar? —replicó, tratando de desviar el tema. Sus manos temblaban un poco mientras jugaba con un hilo suelto de la colcha. Si Cami supiera las cosas que pasaban cuando estaba sola con Thiago, las caricias furtivas, los susurros al oído, las promesas de noches que cruzaban todas las líneas… No, eso no podía salir a la luz. Nunca.
La tarde pasó entre charlas banales y risas forzadas de parte de Bianca, que no podía sacarse de la cabeza el peso de su secreto. Hasta que, de pronto, Cami frunció el ceño y levantó su celular. —Boluda, no tengo señal. ¿Me prestás el tuyo un segundo? Quiero chequear una cosa.
Bianca, distraída, se lo pasó sin pensar. —Sí, dale —dijo, y un segundo después, el pánico la golpeó como un balde de agua helada. ¡Mierda! Los mensajes. Thiago. Las cosas que le había escrito esa misma mañana, detallando con lujo de detalles cómo la iba a hacer suya cuando volvieran a estar solos. Su corazón se disparó mientras veía a Cami deslizar el dedo por la pantalla, sus ojos fijos en algo. Bianca ya estaba armando una excusa patética en su cabeza, algo sobre un chiste, una broma, cualquier cosa, cuando Cami levantó la vista con los ojos bien abiertos.
—¿Qué pasa? —preguntó Bianca, su voz apenas un susurro, preparándose para lo peor.
Cami giró el celular hacia ella, mostrando una notificación. —El evento de la facu, el que veníamos preparando hace semanas… ¡se pospuso! ¿Podés creerlo? —dijo, con una mezcla de alivio y fastidio.
Bianca soltó un suspiro que casi la dejó sin aire, el alivio recorriéndole el cuerpo como una corriente eléctrica. Su secreto estaba a salvo, por ahora. Pero mientras Cami seguía hablando del evento, Bianca no podía evitar pensar en Thiago, en su voz ronca susurrándole al oído, en la promesa de sus manos sobre su piel. Sabía que esa noche, cuando volvieran a cruzarse en casa, no habría vuelta atrás. La tensión entre ellos era un incendio esperando una chispa, y ella estaba más que dispuesta a arder.
Want to know how it ends?
This is just the opening chapter. Continue the saga — or write a steamy tale starring you.