Capítulo 1: El Límite del Deseo
Me miro en el espejo del baño, con el pelo corto despeinado y los ojos verdes brillando de una mezcla de culpa y deseo que no logro apagar. Mi piel blanca está enrojecida, no sé si por la ducha caliente o por los pensamientos que me queman la cabeza. Sé que esto está mal, que es un taboo que podría destrozarnos a los dos. Si alguien se enterara, si una sola palabra de esto saliera a la luz, nuestras vidas se harían pedazos. Pero, ¿cómo parar cuando cada roce, cada mirada, me enciende de una manera que nunca sentí antes?
Estoy perdida en mis pensamientos cuando la voz grave de Thiago me saca del trance. '¿Estás bien, Bian? Te ves como ida.' Está apoyado en el marco de la puerta de mi cuarto, con esos ojos oscuros que parecen leerme el alma, el pelo desaliñado cayéndole sobre la frente. Alto, flaco, pero con una presencia que llena todo el espacio. Mi hermano. Mi secreto.
'Sí, todo bien,' miento, forzando una sonrisa mientras mi corazón late como un tambor. 'Solo... pensando pavadas.'
Él arquea una ceja, no muy convencido, pero no insiste. 'Bueno, si vos lo decís. Vení, no me dejes esperando.' Su tono tiene un filo juguetón, pero también una urgencia que me hace temblar. Sabe lo que quiero, lo que necesitamos, aunque los dos fingimos que podemos controlarlo.
Esto empezó hace meses, casi sin darnos cuenta. Primero eran roces casuales, miradas que duraban demasiado. Después, noches durmiendo en cucharita, su calor contra mi espalda, sus manos rozándome apenas. Hasta que una noche, todo explotó. Y ahora, aquí estamos, cruzando líneas que nunca debimos ni mirar.
Estoy desnuda, mi piel ardiendo mientras me subo encima de él en su cama. Sus manos agarran mis caderas con fuerza, guiándome mientras monto su cock, duro y caliente dentro de mí. Mi respiración se acelera, mis tetas grandes y redondas rebotan con cada movimiento. No hablamos mucho durante estas sesiones, solo se escuchan mis gemidos bajos, casi como si tuviera miedo de que alguien nos descubra, aunque estemos solos en casa.
'Carajo, Bianca, sos una locura,' murmura Thiago, su voz ronca, mientras sus ojos recorren mi cuerpo con hambre. 'No sé cómo hacemos para parar esto.'
'No sé si quiero parar,' respondo, mi voz entrecortada por el placer, pero cargada de una determinación que me sorprende. No soy de las que se rinden fácil, y aunque esto esté mal, aunque sea un desastre esperando a pasar, no puedo resistirme. '¿Y vos? ¿Querés parar?'
Él ríe, una risa corta y cargada de tensión, mientras sus dedos se clavan más en mi ass. '¿Parar? Ni en pedo. Me volvés loco, Bian. Siempre lo hiciste.'
Mis pensamientos se arremolinan mientras sigo moviéndome, mi pussy húmeda y dripping, el calor entre nosotros volviéndose insoportable. Sé que esto es un error, que deberíamos detenernos antes de que sea demasiado tarde. Pero cada embestida, cada roce, me recuerda por qué no puedo. No hay nada que se sienta igual. Estoy horny, perdida en este deseo prohibido, y mientras lo miro a los ojos, sé que él siente lo mismo. Esto no es solo sexo, es una adicción. Y estamos a punto de estallar.
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