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Susurros Prohibidos

Susurros Prohibidos

Capítulo 1: El Límite Difuso

La casa estaba en silencio, un típico domingo por la tarde en el barrio tranquilo de Villa Crespo. Bianca, o Bian, como todos la llamaban, estaba sentada en el sillón de la sala con un libro en las manos, sus lentes deslizándose por la nariz mientras leía con esa concentración que siempre la hacía parecer un poco ausente. Su pelo castaño corto apenas rozaba el cuello de su remera gris, sencilla, de esas que usás para estar cómoda y no para impresionar a nadie. A sus 19 años, Bian era la definición de tímida, pero tenía una dulzura que desarmaba a cualquiera.

Thiago, su hermano mayor de 22, entró a la sala con ese aire despreocupado que siempre lo acompañaba. Alto, delgado, con el pelo oscuro cayendo en mechones desordenados sobre la frente, traía una botella de agua en la mano y una sonrisa burlona en la cara. '¿Qué lees ahora, nerd? ¿Otra novela de esas que te hacen suspirar como si el mundo se fuera a acabar?' dijo, dejándose caer en el sillón al lado de ella, tan cerca que sus rodillas se rozaron por un segundo.

Bian levantó la vista, ajustándose los lentes con un gesto rápido. 'No es una novela romántica, Thiago. Es un thriller. Y no suspiro, exagerado', respondió con un tono que intentaba ser firme, pero que se quebró en una risita suave. Thiago inclinó la cabeza, fingiendo interés. 'Ah, ¿un thriller? Seguro que hay un asesino buen mozo que te tiene loca. Confesá, Bian. ¿Qué tipo de loco te gusta?' Su voz tenía ese filo juguetón, pero sus ojos oscuros se quedaron fijos en los de ella un segundo más de lo necesario.

Ella puso los ojos en blanco, pero el rubor le trepó por las mejillas. 'Sos un idiota, ¿sabías? No todo el mundo piensa en eso todo el tiempo como vos', disparó, aunque su voz tembló un poco. Thiago se rió, inclinándose más cerca, su aliento cálido rozándole la oreja. '¿Ah, no? Entonces, ¿por qué te ponés tan nerviosa cuando te hablo de estas cosas, eh? ¿Qué escondés, hermanita?'

El ambiente cambió en un parpadeo. Lo que había sido un juego inocente, un intercambio de burlas entre hermanos, se volvió denso, cargado de algo que ninguno de los dos quería nombrar. Bian tragó saliva, sus dedos apretando el libro con más fuerza de la necesaria. 'No escondo nada. Dejá de joder, Thiago', murmuró, pero no se alejó. Sus ojos, detrás de los lentes, buscaron los de él, y ahí estaba: una chispa, un desafío, una pregunta que no debería existir entre ellos.

Thiago no se movió, su sonrisa se desvaneció, reemplazada por algo más oscuro, más hambriento. '¿Y si no quiero dejar de joder? ¿Y si quiero saber hasta dónde podés llegar antes de salir corriendo?' Su voz era baja, casi un susurro, pero cortaba como un cuchillo. Bian sintió un calor traicionero subiendo por su cuerpo, un cosquilleo que no tenía derecho a estar ahí. 'Sos un enfermo', dijo, pero no había convicción en sus palabras, solo un jadeo apenas audible.

Y entonces, como si el mundo se hubiera roto en pedazos, Thiago cerró la distancia. Sus labios chocaron contra los de ella con una urgencia que no dejaba lugar a dudas. Bian se quedó helada por un segundo, el shock golpeándola como un balde de agua fría, pero luego... luego respondió. Sus manos, temblorosas, se aferraron a la remera de él, y el libro cayó al suelo con un golpe seco. El beso era desesperado, prohibido, un error que ninguno de los dos podía parar.

Thiago la empujó contra el respaldo del sillón, su cuerpo cubriendo el de ella mientras sus manos se deslizaban por su cintura, levantando apenas la tela de su remera para tocar piel. 'Decime que pare, Bian. Decímelo ahora', gruñó contra su boca, pero ella no dijo nada. Solo lo miró, los ojos llenos de un deseo que la asustaba tanto como la encendía. Y en ese momento, supieron que habían cruzado un límite del que no había vuelta atrás.

Want to know how it ends?

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